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Las lluvias de otoño

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En Barcelona antes no llovía, dijo Lucrecia, separándose el pelo de la cara que le ponía la corriente de aire de otoño. Sabes Liz que he conseguido una nueva amiga, se llama Margarita y conoce unas historias impresionantes que luego te contaré, me dice mientras me pide leche con brandy. Lucrecia, ¿sabías que uno de los cuentos peregrinos de García Márquez se desarrolla aquí cerca a Ana Piferrer? Habla sobre la época dura de Franco y de un cementerio cerca a Lesseps, me emocioné al saber que estamos desandando pasos de otros, ¿te imaginas cuántos poetas habrán pisado estas calles barcelonesas como nosotras las pisamos ahora? Anoche terminamos en Gracia tomándonos una cerveza, dos cervezas. Nos sentamos en el piso como cuando íbamos a la Universidad. Hablamos de muchas cosas, intentamos traducirle a Vitor un amigo brasilero la nostalgia y el arraigo a Colombia, estábamos con Mónica y con Támara una mujer que se ríe con los ojos y con la nariz. Hacía frío por eso ahora sólo quiero ver...

Tatiana: La realidad de las cosas

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-Mejor no va por allá- dijo Amanda ajustándose el delantal, dispuesta a preparar el almuerzo, ya con una papá en la mano y el cuchillo en la otra, ya frunciendo el ceño como madre contrariada pero con voluntad de mando - usted no va por allá Tatiana, ese no es lugar para nadie, mire lo que le paso al señor Jesucristo, es mejor que digan aquí corrió un cobarde que aquí murió un valiente- Pero Tatiana amarró el bolso de tela construido con amor por Amanda y salió hacia la puerta como ráfaga, corrió tanto y a tanta velocidad que llegó hasta el paradero tres cuadras más allá y se subió al primer bus en menos de cinco minutos, pagó los 300 y le preguntó al chofer ¿esta va para el centro? el chofer la miró displiscente - ¿no vio el cartel que dice calle 19? Apretando las manos en la barra, de pie respirando agitada Tatiana Rodríguez iba hacia la casa de Juana, arriba en La Perseverancia, el barrio obrero, el que vengó la muerte de Gaitán, el que no permitió la Avenida de los Cerros. La cosa ...

Nietzsche Dijo

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Afortunadamente tenemos al arte para no perecer a causa de la verdad. Miller Dijo, estoy aquí sentado como una estrella enferma, Silvia Plath dijo no es noche esta de ahogarse, Leonora escribía una carta de amor a una pesadilla. Y finalmente el tarot de las plantas dijo lleva una estrella de anís en el bolsillo. Que sería de mi sin las palabras, me quedaría sin la fe en el azar y el destino y dejar de creer es perjudicial para la salud. Freud dijo, al final uno debe comenzar a amar para no enfermarse.

Pam: las adicciones

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Foto vía Allison Pam se mira en el espejo, lápiz corrido, pantalón de jeans and jackets roto, uñas comidas, ojos de conejo. A Pam, le acaban de romper el corazón. Acto seguido mira a su derecha, sobre la montaña de ropa sucia que su mamá se niega a lavar por dignidad propia y Pam omite por justa adolescencia está su perro "infeliz" aullando a su dueña porque no soporta los alaridos en sí sostenido de ella, ya ha sido suficiente con que lo mojara en lágrimas. A la izquierda está la grabadora roja que ahora canta Alanis Morrisette, mientras Pam grita did you forget about me mister duplicity? se tira al suelo y piensa que nada más malo puede suceder. Pam, tenemos que decirte que eso es lo menos malo que le puede pasar a alguien. Hablemos de la semana anterior cuando Pam fumó por primera vez en el laboratorio de biología. Julieta llevó dos malboros ligth y le dijo que aspirara suave y certeramente, Pam pensó que no iba a pasar la vergüenza de toser, así que moderadamente guard...

Los pájaros

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La tarde es la mejor hora del día, le decía Aura a Gabriela mientras cortaba tela y por la ventana la besaba un rayo de sol ocre que hacía sus ojos más claros y profundos. Aura cortó ese día muchos vestidos y dibujó muchos otros, mientras que Gabriela lamió una cuchara llena de dulce leche, fue un día tan suave, tan lleno de música, un día en el que no hacía frío y el olor de Aura hizo que Gabriela pensara que era una flor no una mujer, una flor de esas que causan borrachera pero que son profundamente adictivas. Gabriela miró las manos de Aura y pensó que tenía las manos más hermosas. Aura puro amor, Aura para quien Gabriela conjugaba esa frase inagotable mi mamá me mima. Gabriela hubiera querido que el instante más puro de la tarde y su madre se quedaran estáticos como una obra, como un sonido perpetuo, pensó que la vida era simplemente la tarde y el sopor, la naturaleza perfecta del amor fraterno, no se explicó nada porque todo era dulce. faltaba poco para que la tarde fuera de los p...

Yo sufriente

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Empecé mi travesía por los estudios del trauma y del dolor, eso hasta ahora había sido una búsqueda cobarde y superficial, después de todo es más fácil esconderse detrás de los tecnicismos, de las hipótesis complejas, de la pose de intelectual serena a la que no le pasa nada, únicamente la luz, únicamente construye argumentos, únicamente habla con la objetividad de la ciencia. La dotora, la joven profesora aerodinámica, la heroina del pueblo me quedó chiquita. Vamos a ver, escogí mis temas de tesis disque por coincidencias de la vida, en general digamos que esa es una de las grandes mentiras de mi pobre vida. Escogí mis tesis con un único fin, encontrar un otro sufriente, alguien que me entendiera y me cobijara con sus historias, que me dijera, no Liz, tu no eres especial, a mí me pasó también, yo igual que tu no comprendí nada, yo igual que tu tengo pesadillas y me escondo en lugares comunes. Buscaba sedienta el ánimo de la resistencia, de qué ocurrió para mantenernos vivos y de pie...

Las Derivas de los Silencios

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Caracolí julio de 2011 En Caracolí vive E. desde allí se puede ver un lago que a la vista de estos días resulta una imagen hermosa que se detiene en medio de las casas de ladrillo, de las montañas erosionadas. Este lago está hecho de las aguas negras que llegan hasta allí y depositan las cañerías de más de 100 vecindarios obreros y de invasión. Sobre el lago crece el pasto, dice E. que es un pasto que se mueve porque tiene raíces pero que nunca sale del lago fétido sino que lo recorre de un lado para otro y aveces deja un claro que es esa imagen hermosa en medio del color naranja y gris de los cerros. E. me contó esto después de haberme relatado como había defendido una carretera perdida en las montañas de Antioquia de la ofensa guerrillera. Ese día cayeron 17, nosotros no tuvimos bajas, me contó E. lo siguiente que me contó sencillamente no lo puedo escribir, pero si puedo relatarles como sentí que se me estremecía el pecho, que me quedaba sin aire, yo no lloré porque me enseñaron a...

Pam: Crush

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Pam envidia con soberana ira a las mujeres, no entiende como pueden lograr amistades donde se cuentan todo, hablan de los chicos, arman pijamadas y lo que es más misterioso, no piensan en cómo matarse efectivamente y lograr que la sangre de mercurio no se regenere ni una sola vez más. Pam odia con un odio incontrolable la forma como las chicas del colegio hacen alborotos por tres hombrecitos de 15 años que conquistan el parque en sus tablas o el patio del colegio con sus balones de fútbol. Con una pasión desbordante al entrar al salón de noveno grado, decide ser una de ellas. Ahí está Natalia, mujer de 15 años, sin amigas y tachada como la peor bruja mitómana del colegio, para efectos prácticos a Pam le sirve que cualquiera le enseñe los secretos del ejercicio de la feminidad, ese oscuro y enredado lugar que no comprende, porque le han faltado días enteros de colores rosa y dictámenes como ¡no te ensucies! ¡ponte bien ese vestido! ¡mira que linda cocinita te he comprado! Pam está co...

Imperator Morph o como me gusta ser Boa

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Todas estas noches he soñado que soy una boa constrictor y que ando por ahí y me voy tragando cuanto pasto, cuanta brizna, cuanto trozo de polvo porque en este mundo mío no hay carne que me aguante, ya me la devoré toda y no queda más que pasto y tierra seca. Sueño que con mi cualidad de boa me voy enroscando instintivamente alrededor de un terrón de tierra y me lo mastico con mis escamas que por cierto son de colores vivos, todos papagayescos, todos gozalones. Como soy una boa no me preocupa nada más que andar por ahí dormida o reptando, cazando a los pobres pastos que me saludan tiernos y flacuchos, verdes y largos - hola Boa, cómo amaneces- dicen con tonos dulces, más bien pusilánimes. Yo repto un poquito y otro poquito - muy bien pastico y a vos como te trata la vida- pero ya estoy pensando en capturarlo y pegarle una apretada bien buena hasta que no le quede ni una gotica de clorofila. Así es la vida pasto pastico, nada bonito dura más de cinco minutos, como dijo mamá boa, sintié...

Micaela la Centaura

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Micaela no es muy buena con las matemáticas, por eso su padre decidió pedirle a Jules, por cierto humano, que la ayude a pasar los logros que ha perdido con el profesor Arconio. Por esta razón Micaela no pudo ir a la fiesta de peces y más bien le tocó bajar a la tierra en la noche después que Jules terminara su clase de la universidad. Por la ventana de los Corner ha entrado una luz azul que ciega, pero Jules no tiene miedo, sabe que en instantes de la luz saldrá una hermosa centaura de 13 años y pelo azul, llena de chispitas doradas su piel y de pececitos que le recorren el cuerpo, porque Micaela tiene peces en cambio de sangre y su piel es de estrellas. La primera vez que su padre vio a Jules en la tierra supo que podría ayudar a Micaela, porque Jules era paciente y porque Micaela quería bajar a visitar la bola azul que se parecía a su pelo. Entonces le mando un mensaje en una semilla de diente de león que se perdió durante un año porque se encontró a unos amigos y armo tal fiest...

una casa en el campo

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Quiero vivir en el campo, sembrar tomates y comprar un burro que se llamaría borriquet estoy considerando perderme entre los eucaliptos de la sabana y comer pimientos asados y morder florecitas ingenuas. ¡quiero oler a monte! y andar con el pelo suelto y sin remordimientos, esperando que llegue la noche para contar cuentos de miedo.

Telenovela

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Roberto Rubalcava Photography Cuando Camilo pinta no piensa, dice él que sólo siente, unas veces el calor del sol de la tarde o la música de Hauschka o esas heladas que se cuelan por entre el apartamento sin calefacción, al pie de un cerro viejo pero verde y vivo, cerca de las calles empedradas que antaño construyeron los viajeros conquistadores, los que llegaron desde la península. Pero Camilo no es ese tipo de artista, pinta porque le da la gana, pero en realidad la magia que hace, el trazo que se lleva su nombre es una cámara fotográfica y una de vídeo. Le hubiera gustado ser pianista, le hubiera gustado conocer a Isabel. Cuando Isabel baila lo hace imaginando que teje con sus pies y con sus manos movimientos que dan vida a seres míticos, digámoslo así, seres que sólo existen en la cabeza isabelina, animales inventados, plantas con problemas de amor y a Isabel le gusta que su cuerpo crea que está dentro del mar, porque es el único sitio donde se siente segura. Isabel imagina a Cami...

Investigar la Guerra

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Son días duros en Colombia. Inauguro mi trabajo de campo con un nudo en la garganta por los muertos, por las muertas, porque este país duele y duele hasta el dolor de cabeza, hasta el vómito porque no lo entiendo, no soy capaz de reconocer qué es lo que sucede y cómo sucede. He sentido un fantasma siniestro en las noches, algo que se pega a las orejas y al pecho, que se instala en el vacío del estómago, que me atrapa, creo, que si existe una palabra para definirlo se llama terror. No es fácil situarse como socióloga, como antropóloga sin involucrarse con el dolor. Si no estuviera sintiendo el miedo, el terror de lo siniestro quizás estaría loca o enferma, pero creo sano y necesario llorar después del trabajo de campo, escribir aquí en este diario auxiliar, en el anonimato del mundo virtual. Cuando me pongo la camiseta de la observación participante soy liz y muchas más personas, he intentado en una labor de ponerme en los zapatos del otro, como dice Veena Das, sentir sus dolores, su d...

toda la culpa la tiene el piano

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B ogotá 2010 día del detenido desaparecido, estas fotos han permanecido en mi memoria desde que razono lo más preocupante es que cada año hay más rostros. Sólo puedo entender mi país con un piano, es dulce y triste, un lugar como dijera Alejo lleno de fantasmas. Aveces no comprendo como seguimos vivos, como podemos vivir con tanta muerte rozándonos la oreja, aquí estamos y por las calles corre la guerra, una guerra que nunca termina y se disfraza, se pone de todos los colores mientras pisa cadáveres y mujeres solas. Ayer vi de nuevo mi país, su afán por olvidar, por decirse a sí mismo que no pasa nada para dormir tranquilo en la noche. Imagínese Colombia, inundada, llena de llanto, por aquí corren los ríos pero también corre la sangre, esto no es posible entenderlo porque se sale de cualquier lógica. Somos un país mágico sólo porque hablamos desde la locura, desde el hambre crónica, desde el dolor crónico y heredado generación tras generación como una maldición que no cesa, que nunca...

Jueves de ego

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Sam Taylor Photography Los días de esta estación son pesados e inciertos. Mi días amanecen como decía Caicedo con los gusanos y anochecen en medio de vinos y cervezas, de humo de tabaco, de llanto o de risa. Pienso yo que es como si el ciclo se repitiera con personas distintas pero con la misma música, los mismos besos, las mismas rutas hacia los múltiples infiernos de mi alma. Aquí estoy con la nausea entre las manos decía uno de los grandes, aquí estoy como una estrella enferma, me susurró un exnovio citando a Henry Miller, una mañana fría en sus más oscuros excesos de cocaína. Aquí estoy yo como la misma calle, pesada, parda, cansada. Anoche, un clarinete me puso el alma tan dulce, que no fue más que la primera nota para que mi cuerpo se transformara en bosque y tierra húmeda, ese clarinete, me dije, pudo recorrerme toda hasta apretarme por la cintura y besarme el cuello, cuando miré a mi lado estaban Hermann y yeni y May pero yo había viajado hasta el intersticio más secreto d...

Lucrecia: la historia de los dos azulejos

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La tarde cayó tímida por entre las ventanas, era la hora en que Lucrecia se cambiaba para esperar la noche, jugaba con máscaras, ponía el viejo cassette amarillo de su madre y cantaba con voz chillona. Todo sucedía con dulce rutina, hasta que aparecieron los dos azulejos. Uno de ellos picoteaba al otro y le buscaba por entre las plumas mensajes secretos, mientras el otro le mostraba los dientes diminutos y blancos. Eran unos azulejos dentados que no querían salir del jardín de Lucrecia. Ella se acerco despacio para poder escuchar los mensajes del más allá de los pájaros y de pronto los azulejos volaron hasta su pelo y se enredaron en su nuca, revolotearon, soltaron plumas y Lucrecía gemía por entre el salón. Un dos tres gritaba Lucrecia, un dos tres este es un sueño, pero seguían los azulejos en el pelo: Lucrecia ayúdanos somos dos ratoncitos azules, sácanos de este nido, queremos ser libres. Ella comenzó a buscar por entre su pelo: - no hay tal, ustedes son dos pájaros que llevan secr...

Pam: Rodrigo el cazador de cosas

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Aquí te traigo todas estas estrellas que recogí de la acera, que se le cayeron a alguien y que me parecieron hermosas, todas estas estrellas amarillas, verdes, rojas, de todos los colores. Así empezó la conversación entre Rodrigo y Pam. Después de eso a Pam no le importó que Rodrigo le mordiera las orejas ni tampoco que le hiciera minúsculas trenzas que amarraba con un pasto largo y fuerte al que él mismo denominaba amarrapams. Cuando le entraba el desespero a media noche, caminaba por las tranquilas calles del barrio triste: una cuadra, dos cuadras y veinte pasos hasta la casa de Pam, quien no dormía por ser el insomnio una de esas bendiciones en las que contaba las estrellas pegadas con plastilina al muro rosa de su habitación adolescente. Pam gritaba Rodrigo - sal de la casa, vamos a caminar- ella lo escuchaba y cantaba alguna canción en tono de mmm para no despertar a nadie; ni a sus padres, hermanos, tíos, primos y amigos de la provincia que se quedaban en la casa. Luego con s...

Lucrecia: las inundaciones

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Lucrecia se cansó de la mala literatura. Hizo un té de esos que levantan y se secó el sudor frío que le produjo tanta rabia. Se dio cuenta que su casa estaba inundada, que ya no caminaba sino que flotaba por entre las siete habitaciones, pero además no respiraba, como un pez, sobrevivía adentro del agua. Las cosas por el contrario no flotaban, sino que permanecían intactas, a los ojos tierra de Lucrecia nada había cambiado, simplemente las cosas habían conseguido ese caracter de toda su vida, es decir que su propia vida sumergida y estancada no cambiaba, más bien ella flotaba como un recuerdo, una memoria perdida o simplemente como flota alguna materia humana. Lo que antes era verde ahora era azul. Decía un viejo libro en inglés que el azul es malo para la salud, que provoca serias depresiones y dolores de alma. Pero el azul de Lucrecia no era malsano, en su opinión de no ser por ese azul y las cosas intactas y el agua y su vestido que ahora formaba unas figuras maravillosamente poét...

De los dulces Excesos

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En esto de las mutaciones soy una experta. La semana pasada brinqué de exceso en exceso pero cada uno de ellos fue un maravilloso resumen de la vida que he tenido. Digamos que me refugio en los excesos cada vez que me siento muerta y un tanto aburrida. La cosa comenzó leyendo a Miller, a Anis Nin y escuchando Psicodelia, metiéndome por este cuerpo todas las sensaciones que le puedan pasar y respirando en medio de quejidos y retorcijones. Las mejores noches han sido las noches de excesos, de la música que no para de hacerme mover por entre los cuerpos y los espacios. A Yeni y Sam les debo las botellas de tequila que me exorcizaron dolores de antes, no resueltos y que no me atrevía a pronunciar. Los vomité con un grito de liberación, al otro día sólo estaba lista para enfrentar miedos de infancia y para que la noche me devolviera a la Liz de la sonrisa que no para de bailar y de mover la cadera. A Her le debo que me resucitara el cuerpo de nuevo. El milagro que necesitaba era verme en e...

Lucrecia: la tarde con Gainsbourg

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Lucrecia escucha en las tardes a Gainsbourg. Hay momentos poéticos en la caída de la tarde, cuando los colores se intensifican y la ciudad es de color ocre, una ciudad ciertamente viva y llena de pitos y semáforos. Verde y dorada con una luz que sólo se puede ver en el caribe, en estas Indias perdidas y y tercermundistas. Iba diciendo que Lucrecia ama escuchar a Gainsbourg, por un sólo ánimo: a ella las canciones del francés le hacen el amor, desprevenidamente, y de manera cuidadosa. Un vino y la música son dos cosas tan voluptuosas que terminan por besarle la boca, la boca que ella entreabre, mostrándole el rostro al sol de tarde que calienta sin violencia y que a ella también la pone ¡tan voluptuosa y tan latina! Luego las notas suben tranquilas por entre el vestido channel de Lucrecia, suben despacio como un viento de enero, suben besándole las rodillas, mordiéndole los muslos, cada vez más desnuda Lucrecia, cada vez más redondo el malbec en la lengua, cada vez más un vacío que e...