Pam: Joan
Pam estaba en el parque cuando vio llegar a Joan, vestida de negro como su pelo. Agarró su tabla, que antes estaba bajo su pie, y la tomó con cierto miedo, porque esa belleza de Joan era arrolladora, y a las niñas les enseñan a desconfiar de las mujeres bellas. Los chicos caminaban hacia la esquina donde estaba Pam, y Joan le levantó un poco la barbilla con un “¿qué hubo?” muy del barrio. —Entonces, pelada —dijo Pam, y luego Manuel las presentó oficialmente. Al rato llegó Sandi, que examinó a Joan de abajo arriba y de arriba abajo. Los chicos estaban felices, porque Joan, además de montar patineta, sabía de música, y eso era más matador que su cara de muñeca y sus ojos demoledores. Pam sentía un vacío en la barriga, como si Joan hubiera llegado a destronarla. Pero, al mismo tiempo, le gustaba tanto escucharla hablar de metal, y admiraba esa pañoleta de Therion que Joan se amarraba con una distinción rockera tan difícil de encontrar. Por esas épocas, Pam anda...