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Pare de Sufrir: Yo de bruta, que me puse.

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No soy reincidente, digamos que no soy la buena ex - novia que llama borracha o que siempre lee las cartas pasadas y llora, no vivo anhelando cada segundo al novio del bachillerato, ni al hombre marcador, ni al ex más reciente, no, de niña aprendí que la peor equivocación era volver porque nadie cambia, ni siquiera uno mismo y porque lo que se dañó se dañó y existen treinta mil posibilidades de encontrar un nuevo cafre que te haga la vida a cuadritos. Qué le vamos a hacer, no puedo decir que soy de malas, sino que tomo malas decisiones, elijo siempre adictos a y niños de, así que voy por la vida pasándola muy bueno y también queriendo morderme el codo de lo mal que la llego a pasar. Probé de todo, fui al bioenergético, a la acupunturista, al psicoanalista, a los doce pasos para mujeres codependientes y  hasta donde una bruja, pero nada pudo cambiar mi destino telenovelesco y dramático con los hombres, sí, eso no es culpa de ningún dios, de ninguna persona más que de mi misma....

Pare de sufrir: Ese toxic toxic boy

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Comienza cuando eres niña e incursionas en los dulces con colorantes, son rojos, verdes, radioactivos. Te los pasas por la lengua, los chupas, sabes que tienes que dejar de acercarte al asiento de Margarita o Andreita o de la mona, la que vende los dulces a la salida del colegio. Pero así como que en clase de biología te imaginas repasando una y otra vez el maldito dulce, así mismo te sacas los 200 pesos para pagar a la salida y luego quedar con ese hastío de colorante, ese revuelto de estómago, esa inquietud de querer más hasta que se te devuelva todo y quedes ahora sí verde como el dulce sabor limón - sandía.  Luego a algunas les llega a otras no, esa primera borrachera, la mía fue un cinco de enero de 1995, estaba tan llena de Johnny Walker que vi a dios y canté abarajame la bañera, un clásico de todos los tiempos con el pantalón desabotonado, con mocos y hablado en letra cursiva, mi pobre novio tuvo que regresarme a los brazos del padre y el padre guardó un silencio sepul...

Ya no me gusta Jim Morrison

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Los hombres perturbados se esconden en las adicciones, en las oscuras esquinas de la bohemia, en el riff angustiado de una guitarra eléctrica, en el arte que les duele. Pero los hay de pantalones de prenses y  peinado a la moda, hombres sin embargo sufrientes, encantadores por el mismo veneno del poder que representan, son jonkies, fotógrafos, poetas, son ciéntificos brillantes, son médicos con la cartera llena. Manejan sus maravillosos autos brillantes y tienen novias guapas, son también hippies que guardan el hábito silencioso de beber hasta perderse en la mañana y que no abandonan la marihuana por considerarla sagrada, erótica, inspiradora, de tener tienen, una completa biblioteca con Jattin, Baudelaire y Joyce.  Esos hombres que con mirar los amas, sólo porque son un tango lastimero y sexy, se nota en su cara que llevan la muerte tatuada en las plantas de las manos, la tragedia que los ahoga en las madrugadas de exceso, en esas medias tardes de silencio cuando ven un...