Amanda: un vals en wien
-Realmente lo que quisiera en este mismo instante, es poder robarme dos copas del bar del puerto y que te tomes esta champaña barata y vengas conmigo a que llenemos de grafittis todas las paredes de Wien, podríamos emborracharnos y yo te cumpliría ese sueño de bailar un vals a la orilla de río- Eso escribió Sebastian mientras Amanda leía incrédula en el teléfono. La posibilidad incluso lejana de salir al frío del tímido verano vienés, correr por los callejones del centro desde la Universidad hasta el anillo, escapar, escapar con Sebastian, parecía ahora un sueño. Amanda tomó sus libros y bajo las escaleras, ahí debajo en los baños, se cambió la ropa y se puso un viejo vestido negro comprado en los sótanos del Maremagnum, dejó la ropa en el casillero y tomó el tranvía hasta el parque de diversiones. Ahí estaba Sebastián, una botella en la mano y ella sin más peso que el de sus sandalias y sus piernas. Lo saludo con dos besos, como saludan las españolas, le dio un beso más e...