Pertenecerse
Cuando llegué a Guatemala, a la aldea de Campur en Cobán yo todavía no era una mujer, pensé que tanto caminar por la Europa vieja, haberme escapado al África musulmana y haber abierto los brazos en el desierto, me haría más sabia, más comprensiva, menos altanera. pensé que esa era la respuesta, pero no, la respuesta la tiene América Latina, por lo menos a las preguntas que a mi me asaltan. En Campur vi los ojos mayas y escuché las historias de las mujeres que se levantan para hacer las tortillas y se acuestan en un eterno presente, un presente que no culmina sino que se extiende, como si no hubiera ni pasado ni futuro, sólo un hoy lleno de supervivencias, de goces y dolores. En el Duraznal, conocí a una mujer que me compartió un pedazo de su vida, preciado, guardado en lo más profundo de su humanidad femenina, me recibió en la cocina y me dijo cómo amarse a sí misma, como cuidarse, como diferenciar el amor del uso y el deseo de la calentura. Me despidió con una rosa y yo m...