Nosotras las desqueridas y las bienamadas
Ahí estaba yo con el corazón en la mano todo maltrecho, pateado por la ausencia y las distancias, ahí estaba Liz caída en el suelo, rasgándose las vestiduras pensando lo peor que le puede suceder a uno después de hacer una apuesta y darla por perdida. Pensé en la tragedia que me anunciaba el skype y sus silencios, el mail y sus silencios, el facebook y sus silencios, el móvil y sus silencios. Me di cuenta que estaba ahí, sólo Liz, sin ningunos ojos que la contuvieran, sin ninguna mano que la levantara. Oh nuesto eterno melodrama, qué haríamos las latinas sin las telenovelas y sin vernos ahí en la escena de mayor rating cuando estamos tiradas en el suelo con el corazón desangrado ¡Juan carlos, Gustavo Adolfo, Carlos Iván! por qué me haces esto, por que me dejas aquí sin ti, tan desolado mi cuerpo como mi alma ¡que yo no soy nada sin ti! ¡que sin ti me muero! luego es el zoom a la boca agónica y torcida del llanto, al pelo enredado mezclado de saliva y lágrimas y deviene luego...