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Verónica

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michelle phillips by the mamas and the papas En el salón brillaban las luces de múltiples colores, sonaba un rock and roll de esos en donde las parejas bailan y se besan apasionadamente. En la tarde Verónica había arreglado su pelo y había delineado sus ojos verdes que parecían dos islas solitarias y perdidas, cuando entró al salón pudo ver la guitarra y sintió la brisa del mar que le acarició la cintura aquel atardecer de 1976. No había pareja para Verónica esa noche, sólo los arpegios de Los Rebeldes cantando Bajo la Luz de la Luna. Las lágrimas no dejaron ver las islas, el pelo rubio comenzó a verse más opaco y Verónica acepto un whisky y otro y otro, mientras las parejas se besaban en medio de las pepitas multicolores de la noche, brindó por la vida y juró empezar de nuevo, no salió en las fotos, tampoco en el anuario, tampoco en la página social junto a las señoritas que se graduaban. Su corazón - porque el corazón duele cuando se lo parten a una - se le hinchó como una ciruela ma...
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Bogotá, en un despacho de la Universidad de los Andes respiro profundo, me duele el cuello. Bauman, por el cual tengo una resaca líquida, ya decía que en estos tiempos no hay vínculos ni compromisos. Es real. Hoy mi alma está en Barcelona, mi cuerpo en Bogotá, mi corazón en San Cristóbal norte, una de las localidades más pobres de esta ciudad y mis sueños en un lugar que todavía no conozco, no he visto. Quiero aprender de Soledad mi directora de tesina de Barcelona, quiero volver con Eva e Irina y hablar con los Senegaleses, pero al mismo tiempo estoy aquí aprendiendo que un sujeto no es una persona, ni una persona un individuo y que la identidad desapareció y ahora hablamos de subjetividad. Qué era lo que me llamaba a Colombia, qué es lo que nunca encaja y qué pasa con los proyectos que como diría mi verdugo Bauman, son líquidos y efímeros. Qué es lo que hace que Buenos Aires no me parezca una ciudad apasionante o que no este enloquecida viendo la semifinal de los clasificatorios par...

Lunes por la tarde

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Sobreviví. Imagino que funcionó gracias a que estuve leyendo y releyendo la teoría del campus y el habitus desde el oficio del sociólogo hasta su aplicación en los trabajos empíricos. Todos estos días han sido días de enfrentar el género, el buen humor y el clima de otoño frío que hace de Bogotá un tango. Estos días son bonitos, de profundo encuentro con las ideas, el doctorado ha sido un oasis acompañado de buenas personas y excelentes maestros. Dice Marcela que a un mes del cumpleaños uno debe cerrar los ciclos, creo yo que esto sucede, Barcelona aparece como una ciudad donde aprendí y me encontré con lo que quería, lo que quería también se llama Iván y también se llama un hogar sin tanta parafernalia de vida cotidiana y más con risa y con tés con crema. Este frío bogotano me renueva, me hace feliz y estreno sonrisa, aquí las horas pasan con amigos, con la familia y con abrazos, en este país hace mucho que nos toca armarnos de los micro - mundos porque la violencia es tal, que nos q...

parte del aire: Rodrigo

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Es tarde en el barrio, es la hora cuando los muchachos bajan a la cancha a jugar fútbol o basquet, algunos montan en cicla y otros se encuentran en la San MArtín para tomarse unas birras y fumarse un cigarro, allá están Duvan, Pacho Police y el Cuervo. Cris Julieth se escapa del balcón de su casa bonita y la falda del Mandalay se levanta un poquito para la gloria del vigilante de la cuadra. Cerca a la casa de Ana está el grafitti que Eric y la Mona hicieron una noche después que tocaran moddy blues, la Mona escribió rápido Jim Morrison y le hizo florecitas y un corazón, cerca a la San Martín alguien hizo uno de lOve Street y a la mona le gustaba verlo de cerquita y abrazar la pared. Al ladito del parque de las tres calaveras vive Buko, se la pasa escuchando Misfits y tiene el cuarto más bacano, el más full de todos, es porque Buko es diseñador gráfico y además es el más grande de la gallada. Daniel odia a Buko, porque alguna vez le pegó un puño y le rebentó la nariz, pero es que Daniel...

CARMEN

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Mutiscua, en Santander del Norte, tiene los cerros de mármol, de allí salieron los mármoles para las casas de los ricos del siglo XIX, y porqué no, de los Narcos del siglo XX. Pero del pueblo también salió Carmen Rivera, de una familia agricultora, pero no de los terratenientes Villamizar ni de los científicos Rochereau, Carmen era de los Rivera Contreras, ni ricos ni pobres, pero con un común denominador con los otros: conservadores, godos azules seguidores de la Iglesia Católica y de las buenas costumbres, una de ellas, casar a las señoritas con Caballeros adinerados y salvaguardar el honor y de paso la economía familiar. Nadie sabe de dónde venían los Rivera, decían que el abuelo tenía facciones aindiadas, mientras que la abuela cargaba un aire gitano y se sabía que la sangre española corría por sus venas, que además por eso se les facilitaban las artes ocultas aunque lo negaran después porque los curas decían que era pecado. En todo caso cuentan que en la Quebrada de la Plata, h...

No hay cóndores

La primera vez que escuché hablar de Manuel Marulanda tenía siete años, lo recuerdo perfectamente. íbamos por la carretera hacia el huila y estaba muy oscuro, nuestro carro era lo único que se veía en la noche perdida. Alguien comentó historias de muertos y aparecidos, pero otra voz dijo - aquí al único que hay que tenerle miedo es a tirofijo, que depronto y nos sale- todos se ríeron... yo pregunté y me respondieron - ese es una leyenda, es un guerrillero y nunca lo han podido matar... así fue.

Mentiras Piadosas

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Algunas veces es preferible quedarse con los sueños, amar lo imposible y quedarse en ese verso sin mover un dedo para hacerlo realidad. Entonces los sueños son como un motor para la vida vas tras ellos, te dan la ilusión y jamás te estrellas, esa es una posición cobarde que odio no haber tenido, porque fui valiente, me amarré los pantalones y quise que se hicieran palapables y próximos. En este momento de balance puedo decir que gané mucho arriesgando aunque todavía no se para qué, digamos que el tiempo me dirá qué es lo que debo cosechar. Alguien me dijo que yo estaba enamorada de una idea y es totalmente real. Son tiempos de esos que aprendes y te enfrentas a todo lo que odias, a la frustración de la rutina, a la imposibilidad de cosechar egos, a la inexistencia de los oscuros deseos que antes eran la parte más interesante de la vida. Pero no estoy mal, me gusta que la gente piense que tengo un bajo perfil, me gusta que no esperen nada de mi y que no me amen con desespero, me gusta...

Esos horribles círculos de la intelectualidad

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Un día quise que las cosas fueran diferentes. Ya saben, (vieja historia). Me asqueaba el orden de las cosas. No es que me creyera mejor que las demás mujercitas de la Presentación de la Santísima Virgen, sino que me interesaban cosas distintas. Para ese entonces, algunos amigos leían a Nietzsche y otros veían películas que no estaban en la cartelera comercial. Y yo… yo tenía 14, y claro, comencé a empaparme de ese mal de andar con intelectuales. Ricardo se sentaba en el parque y decía: —Mona, ¿qué es la realidad? ¿Y si todo lo que vemos no es real? La primera noche que salí sin permiso de mis papás, me llevó a ver un montaje en danza sobre Camille Claudel. Y yo, con mi adolescencia alborotada, fui la mujer más feliz del mundo. ¿Y si fuera como Virginia y Camille? ¿Si llegara a escribir como Carrington? Luego vinieron las tertulias con guitarras, pasándonos libros de poesía y literatura latinoamericana. Después llegó el trabajo en el barrio y, luego, la postura política. Me decían las n...

Alegre como un vegetal

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Como dice la canción de kamelos semos, yo ando sin comerme el coco, ahora más bien dejo que el aire me toque la cara y me acuerdo de los amigos, ando con la medio sonrisita más bien maliciosa, porque claro, soy una loca irracional así que, me importan cinco pepinillos las cosas trascendentales. No me da pena postear en facebook que no creo en las trampas mediáticas del establecimiento, no me importa decirle a unas cuantas conocidas que son unas frívolas, no me importa sacarle la lengua a Iván ni tender la cama. Como a los ocho años ando de muchachita rebelde, con ganas de andar descalza y ponerme de buen color, creo que no puedo seguir como una habichuela vieja, debo permanecer inmune a las malas vibras y masticar con calma cada afirmación y argumento, tomar lo bueno, olvidarme de lo malo, coleccionar conchitas y vivir en una ilustración de Cata Estrada. Como dejo que por estos días me arrase la dicha del sueño y me parta de la risa con mis amigos por la ventanita surrealista del mess...
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Pertenezco a un lugar y el cuerpo siente la lejanía y entonces se enferma. Por eso la aventura de estar en Berlín es más dura de pasar cuando se está en un frío de - 10 grados, me duelen un poco las manos y no consigo satisfacción. Hoy salió el sol y por primera vez en mi estadía en Europa me levanté temprano, vi un rayito que entró por la ventana y emocionada comencé el día. En Berlín soy una uva pasa seca y arrugada, anoche tuve la sensación que mi cuerpo era el de una mujer de sesenta años. Me miro en el espejo y veo a una de cuarenta, se me pierden los 27 entre este helaje insoportable, parezco un esperpento sin bestiario. Como no soy ni estoy, me agoto de ser una máscara sin expresión, pero no hay salida, brindó porque algún día vuelva a sentir un poco de calor en la piel. No es lo mismo. Después de una sobrexposición al frio alemán y a la Humedad del mediterraneo me pregunto como he sobrevivido a la manigua latinoamericana, a sus mosquitos, al subdesarrollo. Concluyo. Definitiva...

SUBLIMES PRESAGIOS

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Flora se sirve un merlot en la copa de la abuela. Toma solo un poco y pone ese viejo disco que tanto le gusta. Baila un poco en la habitación de los libros. Piensa que quizás el día lluvioso podría traerle buenos recuerdos. Se sienta y encuentra una carta de citación a una entrevista: Srta. Lorenstein: La esperamos este martes para que defina su futuro. Acérquese a nuestras oficinas en la calle de la Espera, número 2310. Cordial saludo, C.G.E.C Flora, detenida en el tiempo. Sonríe. Llora. Calla. Al lado de la mesa hay un florero con una margarita.Sus pies están tan fríos como una cebolla congelada. Sigue escuchando a Richard Whiting. Enciende un cigarrillo. Ve caer la lluvia. El claroscuro de la tarde la descubre como una sombra de ilusiones. us labios, un poco morados, se parecen a esa canción triste que ahora suena. Se muerde un poco…  Oh, My Foolish Heart , cómo pesan esos sueños grises. Pero, en todo caso, piensa que las horas pasarán hasta el martes como  sublimes pr...
No era sombra sino muerte lo que le cruzaba la cara...

Mejores mundos para mejores personas

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Uno se levanta en Bogotá y lo que encuentra es una ciudad que se lleva por delante tantos problemas, pero que, entusiasta, no olvida la situación: la enfrenta. Por eso, algunos idealistas forman asociaciones, y otras personas generan nuevas formas de vida en medio de la supervivencia. De ahí nacen tantas cosas nuevas, con una inevitable capacidad creativa. Ahí viven más de dos mil niños trabajadores. Se levantan en la mañana para ir a estudiar y, cuando salen, se arman de la venta informal: los payasitos de artesanía, las puntillas y el martillo en la carpintería, los tamales que distribuyen en la zona industrial a la hora del hambre. Niños que saben qué es un paramilitar, un  raya , un  cobra , esos personajes que “le ponen orden al barrio”, los vigilios que salen a partir de las nueve de la noche. “A esa hora todo el mundo adentro”, decía un niño de esos, que a los 11 ha vivido más que alguien de 20. Me contó que vio un grafiti que decía:  Los niños juiciosos se acuesta...

La costa Caribe

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En la tierra de Matilde Lina y de la Momposina, de las mariposas amarillas y de Fermina Daza, yo tengo un amante:  el mar . Ahora vuelvo —y quién lo creyera— para quedarme mucho tiempo. Para hacer de la costa y del Magdalena mis compañeros de trabajo. Yo presentía viajes, se lo dije a Tati allá en Armero. Le dije:  voy a viajar , lo que no sabía era que la mochila que mi Carlos Iván me regaló iba a caminar terciada a mi pecho este 17 de diciembre. Va a comenzar desde el bajo Magdalena hasta el canal del Dique, y sin parar, conoceremos parajes de farotas y marimondas. Renuncié a mis clases en la universidad, a seguir en la academia, solo por unos meses. Mientras me armo de etnografía, de mi mochila, y de mis sandalias azules para encontrarme con el país. Para hablarle al Observatorio del Caribe y a la UNESCO del estado de uno de los patrimonios intangibles más importantes que tenemos:  el Carnaval Triétnico , la prueba más grande de la diversidad colombiana y sus matices. ...

Nada nuevo para decir

En mi adolescencia aprendí, gracias a un buen amigo, que uno no debía pertenecer a nada y que nada debía pertenecerle a uno. Pero luego se entra en el complicado sistema social, y la socialización misma se vuelve una máquina de individuos en serie. Dentro de Bogotá parecen existir nidos de inútiles que se concentran en sus abismos de poder, y que manejan hilos visibles cuyas historias se representan en su teatro: el de los medios de comunicación. Los medios… De pequeña, siempre veía las imágenes en el televisor, escuchaba las voces de la radio, hojeaba el papel de la prensa y creía que alguien omnipotente —alguien que lo sabía todo— comunicaba lo que ocurría. Y entonces, era “la verdad”. La verdad del Estado-nación. Hoy, después de haber entrado en sus redes, después de haberme sentado —con santo y seña de rancios abolengos— a ver de cerca a los periodistas que construyen el discurso de la opinión pública, me di cuenta de algo:  los medios son la evidencia más clara de la clase pol...

Diosas y Arboles

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octubre...

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Las muñecas de porcelana se rompen. Dice francisco mi nuevo jefe que a las mamás de los poetas las preñaron con una lágrima.

migraña de martes

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recien levantada canto

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Baby, baby, you are my voodoo child… ¿Qué será que las mujeres siempre tienen que cuidar su figura? Siempre hablando de los diez mil tratamientos para volverse como Kate Moss, y yo voy por la vida conmigo misma, sin reparar si soy talla 34 o 32 o 40, o si mis piernas son lo suficientemente largas para que mi amor se pierda en ellas. Yo solo busco oasis, porque parece que ahora todos comen pan integral para aliviar sus sentimientos de culpa, y yo, inconsecuente, sería feliz con una morcilla sin pensar en las coronarias. Mis excesos también me empalagan, así que decido respirar un poco y beber agua de menta, mientras todos quieren ser la fábrica de Mattel y andar en un carrito como el de Barbie ejecutiva. ¿A mí qué? Si la verdad es que el momento más feliz de mi vida es cuando me despierto y hago caras frente al espejo. Y si estoy feliz, bailo un poquito, y si no, pues saco la lengua y arrugo los ojitos. Pero en realidad, ¿qué importa? Si estos días son de sol, si mi familia se la pasa j...

LOS DÍAS DE ARTURO Y LUCRECIA

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El segundo año, 1986 , albergaba a unos veinte pequeños que, entre almanaques y figurines, aprendían algunas lecciones no tan importantes para la vida y otras un tanto necesarias para aprender a convivir. En ese entonces, el M-19 se había tomado el Palacio de Justicia, un pueblo había desaparecido entre el lodo de un volcán, las noticias anunciaban frustrados pactos de paz y en la universidad pública desaparecían diez estudiantes por semana. Eran los adorables ochenta, que recibieron los seis años de Lucrecia Caballero. El colegio, como un territorio hostil y despiadado donde solo los más fuertes sobrevivían, se presentaba ante los ojos de la niña, quien, entre los libros, descubría historias legendarias de caballeros y princesas de largos cabellos. Fue allí donde encontró a Arturo, como un halo de luz en una oscuridad que ciega, como un príncipe de canicas y bicicleta. Él fue quizás el primero que la liberó de la melancolía que la asaltaba en las tardes ocres de soledad. Lucrecia, tí...