La costa Caribe


En la tierra de Matilde Lina y de la Momposina, de las mariposas amarillas y de Fermina Daza, yo tengo un amante: el mar. Ahora vuelvo —y quién lo creyera— para quedarme mucho tiempo. Para hacer de la costa y del Magdalena mis compañeros de trabajo.

Yo presentía viajes, se lo dije a Tati allá en Armero. Le dije: voy a viajar, lo que no sabía era que la mochila que mi Carlos Iván me regaló iba a caminar terciada a mi pecho este 17 de diciembre. Va a comenzar desde el bajo Magdalena hasta el canal del Dique, y sin parar, conoceremos parajes de farotas y marimondas.

Renuncié a mis clases en la universidad, a seguir en la academia, solo por unos meses. Mientras me armo de etnografía, de mi mochila, y de mis sandalias azules para encontrarme con el país. Para hablarle al Observatorio del Caribe y a la UNESCO del estado de uno de los patrimonios intangibles más importantes que tenemos: el Carnaval Triétnico, la prueba más grande de la diversidad colombiana y sus matices.

Renace hoy entre mi maleta, que se está alistando para volver a esas tierras de indígenas bravíos y piratas.

Me salen lagrimitas desesperadas. Tengo miedo.

De vivir sola en la casa de Puerto Colombia que estoy buscando.

De encontrarme con el mar después de casi dos años.

De ser otra vez la investigadora.

De ver a los niños de Puerto Giraldo.

Y solo por la emoción de lo nuevo —que es además lo antiguo— parece que la vida me diera otra oportunidad para arreglar lo que hice mal en Nelson Mandela. Se me quedó en la memoria el día de la playa en Puerto Colombia. Maribel y León (su hijo) jugando con las olas. El atardecer que me hacía un nudo en la garganta.

Ese día dije que iba a volver, que iba a jugar con mi hijo en las olas, que no iba a dejar nunca a mi cielo. Lo juré. Y me tomé una foto. Solo sé que vienen cambios. Más transformaciones. ¿Qué seré al salir de la crisálida?Me vienen las notas de una canción, me agitan el alma. Podría ser de Alejo Durán, de Morales, o incluso de Carlos Vives:

”¡Qué diera por volverte a mirar!”

¿Qué haré cuando otra vez te tenga cerca, cuando vuelva a estar en tu útero y me limpies los dolores,y camine por la arena escuchando Solitary Man y King Crimson? Llegó el momento de volver a tu sal,

de que me mojes, de perdonar mis infidelidades, mis culpas. Me espera el río para escaparme en él y poner la bandera del cólera. Me esperan los colores del carnaval y la muerte de Joselito. Y yo, absolutamente colombianabailaré cumbias y porros, mapalés insurrectos, gaitas de mi pasado indígena, tamboras del negro rebelde, y el vallenato del Valle.


“Cuando Matilde camina… hasta sonríe la sabana.”

Comments

Anonymous said…
!QUE CUERPASO!
Anonymous said…
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