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El Charco

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 Pequeños de Barahona En República Dominicana 2013 María celeste metió la sandalita un poco más adentro de charco caliente. Luego decidió con racionalidad de mona, que el pie desnudo podía hacerlo mejor,   sintió el barro de la profundidad del charco, sintió ese lodo que invadía democráticamente sus uñas y hubiera seguido hurgando con su pulgar libre y chiquitito,   de no ser porque advirtió un renacuajo. Se quedó pensando qué extraña creatura podría estar en el agua sucia y cómo es que nadie le había dicho que en esa canal de aguas sucias había algo vivo.   Todo eso estaba pensando María celeste cuando llegó su padre al rancho. –Limpia esto mujer- dijo con voz de mando sentándose en el comedor, se quitó el casco y se quitó el sudor de la cabeza. María Celeste con los pies sucios se acercó tímida en el marco de la puerta, que en vez de esta tenía un velo de cortina, rescatado en las basuras del mar –saludo paí- El hombre levantó la mirada y le gritó a...

La respuesta la tiene Lavoe

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 ella va triste y vacía. Yo bailando la vida 1984 Me quedé mirando como mi casa era un inmenso mar de polvo y eco. Me senté sin pensar en mi despacho, a encontrar frenética la explicación más rigurosa, el secreto de la ciencia, en realidad estaba huyendo en el volumen industrial de mi trabajo. Luego sentí esa necesidad de hablar y corro con suerte de siempre tener un oido y un hombro y una risa de sarcasmo. Me burlo de mí porque en la tragedia personal que sólo uno entiende, no hay más salida que reirse con un buen amigo y un café colombiano en ruina de divisas. Bogotá se parece a mí, por algo soy bogotana así mi sangre sea migrante. Bogotá, como dice Javier Mateos el dueño de mi balcón favorito en Barcelona, tiene ese glamour de la decadencia. Yo soy un poco esa decadencia y ese encanto del trópico violado, oprimido, segregado y mestizo. Simplemente pensé que si record de malas decisiones tengo, es de caer en amores imposibles, inaccesibles, triangulares, dependie...

Adamaría de los Santos Bertre

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  Calor se siente en el rancho de tejas de zinc y casi chispea el techo del sol que le cae al medio día. Luisa no suda, sus 75 años la hacen resistente, con pelo blanco y libre, con su cara de negra maravillosa y bruja, revuelve con los misterios de sus antepasados un poderoso bebedizo - te pongo amol lìquido y agua, coco y maguey, que la niña que beba estos mares, se ponga bonita, goldita, como el fluto de tu albol, que se llene e' vía-   Los espíritus y muertos que ya la conocen, suben al coco y al maguey, bajan al coquito, se arrastran por la polvadera y se pierden en la caña del ingenio, regresan atontados por la magia de Luisa y le dicen - que se haga la voluntá del señol, que la mujer florezca, que de fruto. Pero plimero, hay que limpiale la baliga, que no hay maí ni hay hijo sin nío- la casa huele a flores y el mar se pone bravo. El perrito Guardían estira la trompa, los muertos han hablado y Luisa ha cocinado dos botellas de amor para mujeres que quieren dar...

Pertenecerse

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Cuando llegué a Guatemala, a la aldea de Campur en Cobán yo todavía no era una mujer, pensé que tanto caminar por la Europa vieja, haberme escapado al África musulmana y haber abierto los brazos en el desierto, me haría más sabia, más comprensiva, menos altanera. pensé que esa era la respuesta, pero no, la respuesta la tiene América Latina, por lo menos a las preguntas que a mi me asaltan.  En Campur vi los ojos mayas y escuché las historias de las mujeres que se levantan para hacer las tortillas y se acuestan en un eterno presente, un presente que no culmina sino que se extiende, como si no hubiera ni pasado ni futuro, sólo un hoy lleno de supervivencias, de goces y dolores. En el Duraznal, conocí a una mujer que me compartió un pedazo de su vida, preciado, guardado en lo más profundo de su humanidad femenina, me recibió en la cocina y me dijo cómo amarse a sí misma, como cuidarse, como diferenciar el amor del uso y el deseo de la calentura. Me despidió con una rosa y yo m...

Una Habitación Propia

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 momento egcéntrico en la habitación propia Batallo, esto no es fácil. Me cuesta más de lo que pensaba dormir sola, no porque dormir sola no sea el paraiso without ronquidos, patadas y calores, sino porque era un buen inductor de sueño para este síndrome de orfandad y este persistente temor a los fantasmas y aparecidos. Un apartamento de soltera como el mío tiene un tiempo distinto, es la eternización del presente y la nostalgia del pasado que me ata a mi alfombra y a mi cama, no me deja levantarme y entonces pienso que soy algo así como una nube: gaseosa, eterea, áerea y sin ninún aterrizaje mayor a un evento desastroso que me transforme en neblina o en remedo de nube, así estoy yo un poco digamoslo con franqueza: apachurrada.  Pero y entonces aparece esa Santa Liz, sensata, mujer trabajadora que se empeña en hacerlo todo eficaz, efectivo y hermoso, se me sienta en la esquinita de la cama y me dice: vamos niñata, el mundo para las duras. Yo me levanto a quejidos...

Verónica: mariposas envenenadas de dicha

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Tic tac tac tash tum respira tic tac tac tash tum respira. LLuvia. Paso cansado, furibundo ataque de las gotas de lluvia. Verónica se agarra el pecho debajo de la lluvia y ve la ciudad tan sucia, la ciudad gris de abrigos y paraguas. -he de morir un poco, que yo he de morir un poco- piensa mientras la sordidez de la calle la llena de bocinas y de estrépitos de carros. Al frente está él mirándola bajo el paraguas y ella le estira una de sus manos -ven, ven, ven- grita con los ojos miel la Verónica total. Él permanece sin ninguna expresión en su rostro, él habla con el silencio, ella sabe el lenguaje de la angustia.  Por entre la avenida, Verónica esquiva autos, no baja la mirada, confía en su oido. Tic tac tac tash tum respira tic tac tac tash tum no lo dejes ir, piensa ella. Agonía.. Verónica cae frente a él, no la recibe, solo cae de rodillas, el asfalto duro y mojado, medias de seda rotas, boca abierta, ojos diluviantes, lluvia dulce, agua salada del mar de las angustias....

Valeria: Las Hormigas Arrieras

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c ampesinos colombianos en el lente de Efraín García Las hojas todavía tenían minúsculas gotas de rocío, la tierra húmeda recibía los rayos del sol y entonces se vio a Valeria corriendo detrás de una gallineta. Valeria descalza en pijama blanca detrás del ave, pisando la tierra y ensuciando la orilla de la bota, pensando en el correteo de su amiga gallina.  Al fondo de la casa de madera por la ventana él no la perdía de vista,  había esperado paciente con el tinto de la mañana a que ella despertase y la vio amanecer cuando el sol rojo del llano penetró por la ventana y le besó esa pequeña boca roja. También vio como se estiraba, perfecta en toda su humanidad, vio como tenía sus mismas manos largas y delgadas y le dio felicidad que aunque esa no era su tierra de poetas y riscos, tenía paz en aquella selva verde y tupida, llena de jaguares y de tigrillos, de ecos de sapos vaqueros y de riachuelos vírgenes.  Allá estaba Valeria detenida en una gota gorda sobre ...

La otra, la maravillosa otra

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Todos los dioses nos libren del facebook y sus dones, el mayor de todos, colaborar con la baja autoestima, la autodestrucción, la persecución y la descalificación de las mujeres. No me estoy poniendo dramática, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra, estoy diciendo que antes, las mujeres tenían que clavar su nariz en el closet para oler y clasificar más de 100 perfumes de mujeres y determinar que sí, que el resultado era Carolina Herrera for Woman más pinta labios número 7 de loreal o del que venden en los chinos, o en la calle (en el caso de mi bella e informal Colombia) sí, el tipo estaba "revolcándose" porque uno no puede decir encontrándose o compartiendo con la otra, la maravillosa otra.  Ahora es fácil, de narices nada, de esculcar extractos de la tarjeta débito ¿para qué? una amiga me dijo hace semanas con una copa de aguardiente en la mano -dime quien lo comenta, cuenta cuantos me gusta, esa que no puede vivir sin meterse en el facebook de él ...

Esas Horribles Càrceles del Cuerpo

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La foto es de Santiago Martínez Medina, en Viena 2012 Iba yo caminando por mi barrio lleno de huecos en esos ardores de la adolescencia, cuando cualquiera me gritaba flaca y de ahí para adelante mejor ni hablar. Es que en los 90 la mujer valorada en la clase media baja, gozaba de anchas caderas, una cintura pequeña y un par de pechos talla 42. Esa era la gloria para los hombres, alguien dijo en esa época que era una cosa animal, que los hombres buscaban caderas que aguantaran mùltiples partos, senos que alimentaran batallones. Me miraba en el espejo, lánguida, piernas interminables y un bra talla 28 me sentía un bicho relegado y feo de pelo desteñido -aquí le decimos mono- de ojos indios, la antítesis de la colombiana de mirada mora y voluptuosidades negras, yo era una cosa ahí indeseable en esa dolorosa adolescencia.  Llore bastante el hecho que llegara una diosa caleña a la cuadra y que se llevara a la mitad del barrio en piropos, besos y flores. Entonces encontre la ...

Mujer busca espejo que no mienta

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 1987 quiero abandonar la fiestita de primera comuniòn y no puedo. Me piden sonreir para una foto al lado de mamà, apreto los dientes con rabia, sonrisa de hiena. Lados oscuros los tenemos todas: hombres y mujeres, aliens en las pelis de ficción, santos y santas, niños polimormos crueles y ancianitos asesinos y violadores. Yo vibro hippie como una medusa en el océano buscando rumbo, algo de zooplacton diario, otras medusas para bailar moviendo los cilios. Pero  hay que ver que de vez en cuando me transformo, me vuelvo detestable y sale como un rayo  la rabia, la mala onda, la arpía que vive en mì, le pego su quemón de aguamalita al que se me acerque. Ahora en metamorfosis soy una especie de caleidoscopio, depende de quién me agarre, me agite, sabremos el resultado. O múltiples colores, mùsica, besos, mordisquitos dulces o patadas, mala onda y mostrada de colmillo. Un amigo me dijo que prefería el lado bonito, la liz luz,  la vibración de aguamala tranquila...

y quién soy yo

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                                                                                    Más que aquel rasguño que rozó la dicha la luna caída, náufraga de insomnio la misma paradoja, el sendero de un sueño  tu luz y mi día, la locura y la llama y quién soy yo más que tu poderosa fiera capaz de saltar las voraces florestas de tu duda la errante y solitaria mariposa del viento el dolor de los siglos, la herida de tu frente y quién soy yo amor, desamor, muralla más que una gota perdida en el asfalto el ritmo ondulante de la sombra eterna                                                                ...

Los domingos, los perturbados domingos

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Dice la sabiduría popular que para las rupturas y los desapegos no hay nada mejor que un viaje. Saqué una libreta de años anteriores y busqué en seis meses cumplir la mayoría de los sueños postergados, es que ya tengo 31, es que no se puede pasar la vida quejándose de lo que pudo hacerse y no se hizo. Me fui al Sahara y dejé en el desierto todos los miedos a lo desconocido, a lo diferente. Viajé a Lisboa y toqué hasta el fondo las oscuridades que una mujer promedio puede tener, dejé media vida en medio de los tranvías pero todavía no estaba lista. Entonces empaqué las maletas a Viena y por primera vez rompí el silencio de 10 años de haber dejado de escribir etnografía, de escribir con el corazón, pero Viena me liberó de los hilos más sutiles del dolor del autoritarismo, del edipo no resuelto, del ex novio malo y del amor romántico, volví atrás, repasé mis huellas y cambié el ciclo.  Tanta energía desbordada, tantas veces que dije cheers, salud, tanta comida, tantas part...

Pam: Esta nena es severa boleta

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Pam se quedó mirando por la ventana  fijamente, esperando quizás que el man no tirara la puerta, sino que la abrazara por la espalda. Contó hasta 158 y se dio la vuelta y lo vio ahí consintiendo a la vieja Luna y entonces se le tiró a los brazos y el man le dijo -parce ya no la quiero-.  Pam contó otra vez hasta ciento cincuenta y ocho y bajó las escaleras, ahí en el parquesito está el combo de Pedro y de Mauricio, escuchando los piojos.  Pam piensa por un momento si debe pedirle cigarros a Mauro y cómo hacerlo si nunca lo saluda, hace el amague de ir a dar una vuelta por el conjunto, se devuelve, se estira afffff -ey- Mauro se voltea y la mira -ey veci- parce ¿tiene un cigarro? dice la Pam, es que todo está cerrado en este barrio, en mi anterior barrio siempre todo estaba abierto-  Mauro se queda mirando a Pam, despeinada, 26 años y con los ojos hinchados de llorar. -¿qué le pasa Pam?- Pam enciende el cigarro lento mientras siguen sonando los acordes del r...

Verónica: El Río

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En la casa está la lámpara adornada con flores secas que verónica prensó con sus manos. En la casa está el baúl lleno de rollos de películas, fotogramas que se repiten en el espacio tiempo de la eternidad. En la casa  está el espejo con el marco de arabescos en bronce. En la casa está la ventana, que da al jardín interior de Verónica. En la Casa está la piscina, llena de algas, llena de lama, llena de plantas, llena de las aguas detenidas que un día fueron río. En la casa está Verónica mirando por la ventana.

Camilo el Caminante

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Camilo creció mirando la playa, entre los amores de una mujer con nombre de reina que lo cuidaba con mousse de chocolate. Nació en la ciudad, entre las populares baladas de Roberto Carlos, la arena y el café de su padre.  caminaba con buen ritmo, enamoraba muchachitas hermosas y aunque había una que lo llamaba y que le pedía a gritos que le hiciera  amores, como todo macho latino, la acariciaba solo un poco y le susurraba al oido, -Victoria, te quiero a penas, eres muy linda pero somos solo amigos-.  Un día Camilo se dio cuenta que había perdido un trozo de su corazón, se abrió la camisa y vio como había desaparecido de manera misteriosa la mitad de él. Sin ella,  no podía tan siquiera pasar un trago de agua, porque le faltaba un pedazo de tierra donde esa agua tuviera sentido. ¡voy a buscar la mitad de este corazón! dijo el hombre hermoso de los ojos moros. Cuando Camilo decidió partir, Victoria se quedó llorando pero como nunca ha sido para ella el papel de l...

Narco Déco: el cuerpo de las mujeres

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Calentana se le dice peyorativamente a las mujeres colombianas que vienen de la provincia y que pertenecen a departamentos (como está dividido administrativamente Colombia) de altas temperaturas. Si usted se imaginó Colombia alguna vez como un paraiso tropical habrá imaginado mujeres bajitas, de caderas grandes y cinturas pequeñas, voluptuosas y si seguimos con el estereotipo muy calientes.  Mea culpa. Con la misma fascinación de un voyeur vi un comentario de facebook de una amiga de un amigo, sí,  así es la vida uno se mete a facebook -eventualmente- de alguien que no conoce. La cosa sucedió porque la mujer posteó un vallenato (música tropical colombiana) que se asocia con músicas que los paramilitares (ejércitos privados, asesinos a sueldo) mandaron componer en las tierras de Gabriel García Márquez. Pensé que bueno el gusto musical de la chica, venía acompañado con una foto de ella, cual sirena,  mostrando su flamante trasero y con boquita de deseo. Se me revolvió...