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Esos horribles círculos de la intelectualidad

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Un día quise que las cosas fueran diferentes. Ya saben, (vieja historia). Me asqueaba el orden de las cosas. No es que me creyera mejor que las demás mujercitas de la Presentación de la Santísima Virgen, sino que me interesaban cosas distintas. Para ese entonces, algunos amigos leían a Nietzsche y otros veían películas que no estaban en la cartelera comercial. Y yo… yo tenía 14, y claro, comencé a empaparme de ese mal de andar con intelectuales. Ricardo se sentaba en el parque y decía: —Mona, ¿qué es la realidad? ¿Y si todo lo que vemos no es real? La primera noche que salí sin permiso de mis papás, me llevó a ver un montaje en danza sobre Camille Claudel. Y yo, con mi adolescencia alborotada, fui la mujer más feliz del mundo. ¿Y si fuera como Virginia y Camille? ¿Si llegara a escribir como Carrington? Luego vinieron las tertulias con guitarras, pasándonos libros de poesía y literatura latinoamericana. Después llegó el trabajo en el barrio y, luego, la postura política. Me decían las n...

Alegre como un vegetal

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Como dice la canción de kamelos semos, yo ando sin comerme el coco, ahora más bien dejo que el aire me toque la cara y me acuerdo de los amigos, ando con la medio sonrisita más bien maliciosa, porque claro, soy una loca irracional así que, me importan cinco pepinillos las cosas trascendentales. No me da pena postear en facebook que no creo en las trampas mediáticas del establecimiento, no me importa decirle a unas cuantas conocidas que son unas frívolas, no me importa sacarle la lengua a Iván ni tender la cama. Como a los ocho años ando de muchachita rebelde, con ganas de andar descalza y ponerme de buen color, creo que no puedo seguir como una habichuela vieja, debo permanecer inmune a las malas vibras y masticar con calma cada afirmación y argumento, tomar lo bueno, olvidarme de lo malo, coleccionar conchitas y vivir en una ilustración de Cata Estrada. Como dejo que por estos días me arrase la dicha del sueño y me parta de la risa con mis amigos por la ventanita surrealista del mess...
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Pertenezco a un lugar y el cuerpo siente la lejanía y entonces se enferma. Por eso la aventura de estar en Berlín es más dura de pasar cuando se está en un frío de - 10 grados, me duelen un poco las manos y no consigo satisfacción. Hoy salió el sol y por primera vez en mi estadía en Europa me levanté temprano, vi un rayito que entró por la ventana y emocionada comencé el día. En Berlín soy una uva pasa seca y arrugada, anoche tuve la sensación que mi cuerpo era el de una mujer de sesenta años. Me miro en el espejo y veo a una de cuarenta, se me pierden los 27 entre este helaje insoportable, parezco un esperpento sin bestiario. Como no soy ni estoy, me agoto de ser una máscara sin expresión, pero no hay salida, brindó porque algún día vuelva a sentir un poco de calor en la piel. No es lo mismo. Después de una sobrexposición al frio alemán y a la Humedad del mediterraneo me pregunto como he sobrevivido a la manigua latinoamericana, a sus mosquitos, al subdesarrollo. Concluyo. Definitiva...

SUBLIMES PRESAGIOS

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Flora se sirve un merlot en la copa de la abuela. Toma solo un poco y pone ese viejo disco que tanto le gusta. Baila un poco en la habitación de los libros. Piensa que quizás el día lluvioso podría traerle buenos recuerdos. Se sienta y encuentra una carta de citación a una entrevista: Srta. Lorenstein: La esperamos este martes para que defina su futuro. Acérquese a nuestras oficinas en la calle de la Espera, número 2310. Cordial saludo, C.G.E.C Flora, detenida en el tiempo. Sonríe. Llora. Calla. Al lado de la mesa hay un florero con una margarita.Sus pies están tan fríos como una cebolla congelada. Sigue escuchando a Richard Whiting. Enciende un cigarrillo. Ve caer la lluvia. El claroscuro de la tarde la descubre como una sombra de ilusiones. us labios, un poco morados, se parecen a esa canción triste que ahora suena. Se muerde un poco…  Oh, My Foolish Heart , cómo pesan esos sueños grises. Pero, en todo caso, piensa que las horas pasarán hasta el martes como  sublimes pr...
No era sombra sino muerte lo que le cruzaba la cara...

Mejores mundos para mejores personas

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Uno se levanta en Bogotá y lo que encuentra es una ciudad que se lleva por delante tantos problemas, pero que, entusiasta, no olvida la situación: la enfrenta. Por eso, algunos idealistas forman asociaciones, y otras personas generan nuevas formas de vida en medio de la supervivencia. De ahí nacen tantas cosas nuevas, con una inevitable capacidad creativa. Ahí viven más de dos mil niños trabajadores. Se levantan en la mañana para ir a estudiar y, cuando salen, se arman de la venta informal: los payasitos de artesanía, las puntillas y el martillo en la carpintería, los tamales que distribuyen en la zona industrial a la hora del hambre. Niños que saben qué es un paramilitar, un  raya , un  cobra , esos personajes que “le ponen orden al barrio”, los vigilios que salen a partir de las nueve de la noche. “A esa hora todo el mundo adentro”, decía un niño de esos, que a los 11 ha vivido más que alguien de 20. Me contó que vio un grafiti que decía:  Los niños juiciosos se acuesta...

La costa Caribe

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En la tierra de Matilde Lina y de la Momposina, de las mariposas amarillas y de Fermina Daza, yo tengo un amante:  el mar . Ahora vuelvo —y quién lo creyera— para quedarme mucho tiempo. Para hacer de la costa y del Magdalena mis compañeros de trabajo. Yo presentía viajes, se lo dije a Tati allá en Armero. Le dije:  voy a viajar , lo que no sabía era que la mochila que mi Carlos Iván me regaló iba a caminar terciada a mi pecho este 17 de diciembre. Va a comenzar desde el bajo Magdalena hasta el canal del Dique, y sin parar, conoceremos parajes de farotas y marimondas. Renuncié a mis clases en la universidad, a seguir en la academia, solo por unos meses. Mientras me armo de etnografía, de mi mochila, y de mis sandalias azules para encontrarme con el país. Para hablarle al Observatorio del Caribe y a la UNESCO del estado de uno de los patrimonios intangibles más importantes que tenemos:  el Carnaval Triétnico , la prueba más grande de la diversidad colombiana y sus matices. ...

Nada nuevo para decir

En mi adolescencia aprendí, gracias a un buen amigo, que uno no debía pertenecer a nada y que nada debía pertenecerle a uno. Pero luego se entra en el complicado sistema social, y la socialización misma se vuelve una máquina de individuos en serie. Dentro de Bogotá parecen existir nidos de inútiles que se concentran en sus abismos de poder, y que manejan hilos visibles cuyas historias se representan en su teatro: el de los medios de comunicación. Los medios… De pequeña, siempre veía las imágenes en el televisor, escuchaba las voces de la radio, hojeaba el papel de la prensa y creía que alguien omnipotente —alguien que lo sabía todo— comunicaba lo que ocurría. Y entonces, era “la verdad”. La verdad del Estado-nación. Hoy, después de haber entrado en sus redes, después de haberme sentado —con santo y seña de rancios abolengos— a ver de cerca a los periodistas que construyen el discurso de la opinión pública, me di cuenta de algo:  los medios son la evidencia más clara de la clase pol...

Diosas y Arboles

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octubre...

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Las muñecas de porcelana se rompen. Dice francisco mi nuevo jefe que a las mamás de los poetas las preñaron con una lágrima.

migraña de martes

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recien levantada canto

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Baby, baby, you are my voodoo child… ¿Qué será que las mujeres siempre tienen que cuidar su figura? Siempre hablando de los diez mil tratamientos para volverse como Kate Moss, y yo voy por la vida conmigo misma, sin reparar si soy talla 34 o 32 o 40, o si mis piernas son lo suficientemente largas para que mi amor se pierda en ellas. Yo solo busco oasis, porque parece que ahora todos comen pan integral para aliviar sus sentimientos de culpa, y yo, inconsecuente, sería feliz con una morcilla sin pensar en las coronarias. Mis excesos también me empalagan, así que decido respirar un poco y beber agua de menta, mientras todos quieren ser la fábrica de Mattel y andar en un carrito como el de Barbie ejecutiva. ¿A mí qué? Si la verdad es que el momento más feliz de mi vida es cuando me despierto y hago caras frente al espejo. Y si estoy feliz, bailo un poquito, y si no, pues saco la lengua y arrugo los ojitos. Pero en realidad, ¿qué importa? Si estos días son de sol, si mi familia se la pasa j...

LOS DÍAS DE ARTURO Y LUCRECIA

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El segundo año, 1986 , albergaba a unos veinte pequeños que, entre almanaques y figurines, aprendían algunas lecciones no tan importantes para la vida y otras un tanto necesarias para aprender a convivir. En ese entonces, el M-19 se había tomado el Palacio de Justicia, un pueblo había desaparecido entre el lodo de un volcán, las noticias anunciaban frustrados pactos de paz y en la universidad pública desaparecían diez estudiantes por semana. Eran los adorables ochenta, que recibieron los seis años de Lucrecia Caballero. El colegio, como un territorio hostil y despiadado donde solo los más fuertes sobrevivían, se presentaba ante los ojos de la niña, quien, entre los libros, descubría historias legendarias de caballeros y princesas de largos cabellos. Fue allí donde encontró a Arturo, como un halo de luz en una oscuridad que ciega, como un príncipe de canicas y bicicleta. Él fue quizás el primero que la liberó de la melancolía que la asaltaba en las tardes ocres de soledad. Lucrecia, tí...

sweet sahumerio

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Con mi camisa pequeña y mis calzoncitos setenteros bailé  Strawberry Fields Forever  al tiempo que lavaba mis dientes. El día comenzó con esa soledad de vivir en mi casa de ladrillo, saltando por todos sus rincones descalza, porque el sol entró por todas mis ventanas y, de tanto bailar, ya eran las diez de la mañana y en mi oficina mi jefe me pedía a gritos desesperados. Seguí cantando todo el día con una vibra maravillosa, absolutamente infantil. Caminé por el Centro Internacional, saludé a todos los que me decían piropos, regalé flores, doné turnos en el banco, sonreí hasta el cansancio y hasta me confesé en la iglesia y me puse la ceniza. Esperé a que apareciera un conejo blanco y me llevara a algún lugar mágico, pero en cambio encontré a mis Consejos Locales de Juventud en la Asesoría Financiera. También los amé, porque amé todo hoy y la vida me dijo:  baby, el amor sí existe, o si no ¿por qué sonríes tanto?  Y yo le respondí que era la música que me hacía el amo...

no era muerte sino sombra lo que le cruzaba la cara

Que yo estuviera con una cara de  no satisfaction  no fue una coincidencia, porque descubrí —como por arte de magia— que aquel que se hacía llamar mi dulce doctor K. tan sólo era un usurpador de su nombre.Considerando ese detalle, me encontré con Mermelade y decidimos que dejaríamos un momento a Andrés y a Simone, y que luego volveríamos a enamorarnos de ellos en unas semanas. Quisimos morirnos, y entonces comimos torta de chocolate con cucarachas y motas de tristeza. Al final de la tarde concluíamos proyectos acerca de cómo llamaríamos nuestra corporación de utopías. Esto de ser pensador es complicado,  man , es como responsabilizarse de todas las desgracias del  real world  y tener que escupir intensas soluciones. Al fin y al cabo, ella terminó en Misfits gritando el nombre de Razón de Vivir y diluviando en una estación de Transmilenio. Yo seguí mi camino hacia el encuentro con Gustav, quien se escondió en mi sonrisa y no permitió que avanzara en esas lides de...

HALT DIE OHREN STEIF

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La ciudad de Bogotá es esquizofrénica , por eso no es raro que a quien viva en la ciudad le broten pequeñas agallas para poder subsistir a la polución y que le provoque romperse los huesos cada vez que el clima caprichoso le da rienda suelta a su manía o a su depresión. La semana estuvo congestionada de símbolos. Yo desperté cada mañana con un frío aterrador y las nubes grises velando los sueños tristes de un loco enamorado de las horas inconclusas. El doctor Kreutzër no apareció los siguientes días, y fue necesario para que me encontrara con mi anterior amante, un caleño que se suicidó por amor, pero que, a partir de su muerte, se durmió entre mis senos adolescentes y siguió disfrutando del olor de mi pelo hasta que me volví una estadística de adulta joven. Pero a él sólo pude encontrarlo a través de Simone. Decidí solo por esa tarde de jueves ser amante de él y entonces, como Pzico Rouge también hacía parte de la bacanal de ménades amantes del caleño, nos encontramos con Simone en un...

bechamel y desesperanza

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Muy de mañana me levanté con un sabor metálico en la boca. Mala suerte, pensé. Hace frío y es mi primer día de trabajo en un nuevo proyecto gris que me hará caminar la realidad del cerro. Esperé todo el día para encontrar al doctor Kreutzër, ese hombre extraño que no promete y se vuelve obsesión con recuerdo de Magritte. He de decir que pensé que finalmente sería quien lidiara con dragones y, para mi desgracia, se acuesta con ellos. A la tarde llegó mi segundo pulmón, para que escribiéramos acerca de esa investigación inconclusa que ha de terminarse en unas semanas. Pero el frío bogotano era pura tragedia. Los presentimientos me susurraron que el doctor Kreutzër había caído en un complot que yo misma había creado con mi bestiario en el mundo del sueño, y que, al atardecer, estaría entre mis sábanas de seda verde aguamarina, endulzándome con su sabor de viajero de los astros. Así fue que, mientras pulmón y yo tomábamos un té en el jardín de los nomeolvides —que tiene como garantes una m...