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Ya no me gusta Jim Morrison

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Los hombres perturbados se esconden en las adicciones, en las oscuras esquinas de la bohemia, en el riff angustiado de una guitarra eléctrica, en el arte que les duele. Pero los hay de pantalones de prenses y  peinado a la moda, hombres sin embargo sufrientes, encantadores por el mismo veneno del poder que representan, son jonkies, fotógrafos, poetas, son ciéntificos brillantes, son médicos con la cartera llena. Manejan sus maravillosos autos brillantes y tienen novias guapas, son también hippies que guardan el hábito silencioso de beber hasta perderse en la mañana y que no abandonan la marihuana por considerarla sagrada, erótica, inspiradora, de tener tienen, una completa biblioteca con Jattin, Baudelaire y Joyce.  Esos hombres que con mirar los amas, sólo porque son un tango lastimero y sexy, se nota en su cara que llevan la muerte tatuada en las plantas de las manos, la tragedia que los ahoga en las madrugadas de exceso, en esas medias tardes de silencio cuando ven un...

Manifiesto de mis poderosos ovarios

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Hoy quiero contarme bien la historia, puedo no ser una víctima, sino una muchacha feliz y plena, no quiero contarle a mis hijos una historia de sufrimiento por esto:  Hoy quiero que se reconozca el trabajo de las mujeres en el hogar, que se reconozca es que empiece a haber   una distribución real del trabajo de crianza de los hijxs y de las tareas de la casa. Hoy quiero que me respeten, no me juzguen por cómo me visto ni me llamen provocadora. No me hagan una víctima ni quieran hacer de mi cuerpo un sagrario que sólo se santifica con la maternidad. No quiero que me pongan en un mundo limitado que dice que hay malas y buenas, que las malas son putas y las buenas son como la virgen María: callan y soportan estoicamente. No quiero ganar menos que un hombre ni que a mis compañeros les digan doctores o profesores y a mi Lizita. No quiero sus diminutivos ni sus infantilismos. No quiero que se relacionen conmigo en clave sexual y que me piensen sólo ...

El Charco

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 Pequeños de Barahona En República Dominicana 2013 María celeste metió la sandalita un poco más adentro de charco caliente. Luego decidió con racionalidad de mona, que el pie desnudo podía hacerlo mejor,   sintió el barro de la profundidad del charco, sintió ese lodo que invadía democráticamente sus uñas y hubiera seguido hurgando con su pulgar libre y chiquitito,   de no ser porque advirtió un renacuajo. Se quedó pensando qué extraña creatura podría estar en el agua sucia y cómo es que nadie le había dicho que en esa canal de aguas sucias había algo vivo.   Todo eso estaba pensando María celeste cuando llegó su padre al rancho. –Limpia esto mujer- dijo con voz de mando sentándose en el comedor, se quitó el casco y se quitó el sudor de la cabeza. María Celeste con los pies sucios se acercó tímida en el marco de la puerta, que en vez de esta tenía un velo de cortina, rescatado en las basuras del mar –saludo paí- El hombre levantó la mirada y le gritó a...

La respuesta la tiene Lavoe

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 ella va triste y vacía. Yo bailando la vida 1984 Me quedé mirando como mi casa era un inmenso mar de polvo y eco. Me senté sin pensar en mi despacho, a encontrar frenética la explicación más rigurosa, el secreto de la ciencia, en realidad estaba huyendo en el volumen industrial de mi trabajo. Luego sentí esa necesidad de hablar y corro con suerte de siempre tener un oido y un hombro y una risa de sarcasmo. Me burlo de mí porque en la tragedia personal que sólo uno entiende, no hay más salida que reirse con un buen amigo y un café colombiano en ruina de divisas. Bogotá se parece a mí, por algo soy bogotana así mi sangre sea migrante. Bogotá, como dice Javier Mateos el dueño de mi balcón favorito en Barcelona, tiene ese glamour de la decadencia. Yo soy un poco esa decadencia y ese encanto del trópico violado, oprimido, segregado y mestizo. Simplemente pensé que si record de malas decisiones tengo, es de caer en amores imposibles, inaccesibles, triangulares, dependie...

Adamaría de los Santos Bertre

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  Calor se siente en el rancho de tejas de zinc y casi chispea el techo del sol que le cae al medio día. Luisa no suda, sus 75 años la hacen resistente, con pelo blanco y libre, con su cara de negra maravillosa y bruja, revuelve con los misterios de sus antepasados un poderoso bebedizo - te pongo amol lìquido y agua, coco y maguey, que la niña que beba estos mares, se ponga bonita, goldita, como el fluto de tu albol, que se llene e' vía-   Los espíritus y muertos que ya la conocen, suben al coco y al maguey, bajan al coquito, se arrastran por la polvadera y se pierden en la caña del ingenio, regresan atontados por la magia de Luisa y le dicen - que se haga la voluntá del señol, que la mujer florezca, que de fruto. Pero plimero, hay que limpiale la baliga, que no hay maí ni hay hijo sin nío- la casa huele a flores y el mar se pone bravo. El perrito Guardían estira la trompa, los muertos han hablado y Luisa ha cocinado dos botellas de amor para mujeres que quieren dar...

Pertenecerse

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Cuando llegué a Guatemala, a la aldea de Campur en Cobán yo todavía no era una mujer, pensé que tanto caminar por la Europa vieja, haberme escapado al África musulmana y haber abierto los brazos en el desierto, me haría más sabia, más comprensiva, menos altanera. pensé que esa era la respuesta, pero no, la respuesta la tiene América Latina, por lo menos a las preguntas que a mi me asaltan.  En Campur vi los ojos mayas y escuché las historias de las mujeres que se levantan para hacer las tortillas y se acuestan en un eterno presente, un presente que no culmina sino que se extiende, como si no hubiera ni pasado ni futuro, sólo un hoy lleno de supervivencias, de goces y dolores. En el Duraznal, conocí a una mujer que me compartió un pedazo de su vida, preciado, guardado en lo más profundo de su humanidad femenina, me recibió en la cocina y me dijo cómo amarse a sí misma, como cuidarse, como diferenciar el amor del uso y el deseo de la calentura. Me despidió con una rosa y yo m...

Una Habitación Propia

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 momento egcéntrico en la habitación propia Batallo, esto no es fácil. Me cuesta más de lo que pensaba dormir sola, no porque dormir sola no sea el paraiso without ronquidos, patadas y calores, sino porque era un buen inductor de sueño para este síndrome de orfandad y este persistente temor a los fantasmas y aparecidos. Un apartamento de soltera como el mío tiene un tiempo distinto, es la eternización del presente y la nostalgia del pasado que me ata a mi alfombra y a mi cama, no me deja levantarme y entonces pienso que soy algo así como una nube: gaseosa, eterea, áerea y sin ninún aterrizaje mayor a un evento desastroso que me transforme en neblina o en remedo de nube, así estoy yo un poco digamoslo con franqueza: apachurrada.  Pero y entonces aparece esa Santa Liz, sensata, mujer trabajadora que se empeña en hacerlo todo eficaz, efectivo y hermoso, se me sienta en la esquinita de la cama y me dice: vamos niñata, el mundo para las duras. Yo me levanto a quejidos...

Verónica: mariposas envenenadas de dicha

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Tic tac tac tash tum respira tic tac tac tash tum respira. LLuvia. Paso cansado, furibundo ataque de las gotas de lluvia. Verónica se agarra el pecho debajo de la lluvia y ve la ciudad tan sucia, la ciudad gris de abrigos y paraguas. -he de morir un poco, que yo he de morir un poco- piensa mientras la sordidez de la calle la llena de bocinas y de estrépitos de carros. Al frente está él mirándola bajo el paraguas y ella le estira una de sus manos -ven, ven, ven- grita con los ojos miel la Verónica total. Él permanece sin ninguna expresión en su rostro, él habla con el silencio, ella sabe el lenguaje de la angustia.  Por entre la avenida, Verónica esquiva autos, no baja la mirada, confía en su oido. Tic tac tac tash tum respira tic tac tac tash tum no lo dejes ir, piensa ella. Agonía.. Verónica cae frente a él, no la recibe, solo cae de rodillas, el asfalto duro y mojado, medias de seda rotas, boca abierta, ojos diluviantes, lluvia dulce, agua salada del mar de las angustias....

Valeria: Las Hormigas Arrieras

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c ampesinos colombianos en el lente de Efraín García Las hojas todavía tenían minúsculas gotas de rocío, la tierra húmeda recibía los rayos del sol y entonces se vio a Valeria corriendo detrás de una gallineta. Valeria descalza en pijama blanca detrás del ave, pisando la tierra y ensuciando la orilla de la bota, pensando en el correteo de su amiga gallina.  Al fondo de la casa de madera por la ventana él no la perdía de vista,  había esperado paciente con el tinto de la mañana a que ella despertase y la vio amanecer cuando el sol rojo del llano penetró por la ventana y le besó esa pequeña boca roja. También vio como se estiraba, perfecta en toda su humanidad, vio como tenía sus mismas manos largas y delgadas y le dio felicidad que aunque esa no era su tierra de poetas y riscos, tenía paz en aquella selva verde y tupida, llena de jaguares y de tigrillos, de ecos de sapos vaqueros y de riachuelos vírgenes.  Allá estaba Valeria detenida en una gota gorda sobre ...

La otra, la maravillosa otra

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Todos los dioses nos libren del facebook y sus dones, el mayor de todos, colaborar con la baja autoestima, la autodestrucción, la persecución y la descalificación de las mujeres. No me estoy poniendo dramática, quien esté libre de pecado que tire la primera piedra, estoy diciendo que antes, las mujeres tenían que clavar su nariz en el closet para oler y clasificar más de 100 perfumes de mujeres y determinar que sí, que el resultado era Carolina Herrera for Woman más pinta labios número 7 de loreal o del que venden en los chinos, o en la calle (en el caso de mi bella e informal Colombia) sí, el tipo estaba "revolcándose" porque uno no puede decir encontrándose o compartiendo con la otra, la maravillosa otra.  Ahora es fácil, de narices nada, de esculcar extractos de la tarjeta débito ¿para qué? una amiga me dijo hace semanas con una copa de aguardiente en la mano -dime quien lo comenta, cuenta cuantos me gusta, esa que no puede vivir sin meterse en el facebook de él ...

Esas Horribles Càrceles del Cuerpo

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La foto es de Santiago Martínez Medina, en Viena 2012 Iba yo caminando por mi barrio lleno de huecos en esos ardores de la adolescencia, cuando cualquiera me gritaba flaca y de ahí para adelante mejor ni hablar. Es que en los 90 la mujer valorada en la clase media baja, gozaba de anchas caderas, una cintura pequeña y un par de pechos talla 42. Esa era la gloria para los hombres, alguien dijo en esa época que era una cosa animal, que los hombres buscaban caderas que aguantaran mùltiples partos, senos que alimentaran batallones. Me miraba en el espejo, lánguida, piernas interminables y un bra talla 28 me sentía un bicho relegado y feo de pelo desteñido -aquí le decimos mono- de ojos indios, la antítesis de la colombiana de mirada mora y voluptuosidades negras, yo era una cosa ahí indeseable en esa dolorosa adolescencia.  Llore bastante el hecho que llegara una diosa caleña a la cuadra y que se llevara a la mitad del barrio en piropos, besos y flores. Entonces encontre la ...