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Los cuchillos

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La mona se quedó pensando en eso que Martín pensaba, decía él que su beso era un malentendido, "esa sensación gélida de lo que se fragua en las mentes crueles de las féminas adolescentes". Repasaba una y otra vez con honda desdicha y viendo la ciudad desde una montaña, esa frase de las mentes crueles de las féminas adolescentes. Había visto muchas veces a Martin, lo había imaginado en esa hora que parecía más que tiempo un cuchillo, que le abría las entrañas y la hacía sangrar, la cálida sangre... los cuchillos. En ese entonces pensaba que podía buscar a Martín para que le tomara la mano y le cerrara la herida con su mechero, como si de hilachas de tela fueran todos sus dolores. Lo había descubierto en la piscina del club, cuando todos nadaban y ella se quedaba intacta observando y queriendo ser niño, lo sintió tomándola por la cintura y pidiéndole que jugaran. Lo supo compañero al toparlo en la calle, vestido de negro, con un largo gaban, fue un espejo de sus tiempos de...

El Monstruo y La Doncella

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Soy un puñado de contradicciones. Iba por un camino de conocimiento, de ver las posibilidades y las limitaciones. Pretendí comprenderlo todo, encontrar la esencia de la feminidad y de la autonomía. Me equivocaba. Mi oscuridad ya no me aterra y puedo verla a los ojos, muerta del miedo pero con una extraña valentía, con esa emoción que te dice que algo está ocurriendo de un mal modo, que no hay manera de encontrarse sino de perderse. No quería ver al monstruo que llevaba adentro, no quería ver a la feminista sistemáticamente maltratada y luego revanchista y vengadora. No quería ver las dos caras de la moneda. Por el camino me crucé con un par de buenos parceros que me sostuvieron personal y virtualmente ese vómito que me produjo la contradicción y la guerra conmigo misma. No quería ver a la libertaria que buscaba su autonomía pero que controlaba y sufría, pero también en el camino de su libertad, minaba, dañaba, perseguía. Y sin embargo, después de una jornada de i...

Pare de Sufrir: los miedos de las mujeres

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A nosotras que nos queremos tanto nos enseñan muchos miedos. Cuando somos pequeñas nos cuidan porque el mundo es duro e hizo que las niñas fueran el foco del francotirador de la violencia, como aves de rapiña los malos, se esconden en las calles con dulces y en las esquinas con abrigos, en los buses cuando se acercan demasiado e invaden ese maravilloso espacio vital de la dignidad. También se cuentan los piropos más guarros y vulgares, creyendo los malos que con eso son más hombres y nosotras nos sentimos deseadas. La calle era y es para nosotras un lugar de agresividades y claro, miedo... nosotras que nos queremos tanto tenemos esos temores bien documentados y argumentados.  Pero el mundo no sólo nos llenó de esos miedos, también olvidamos que podíamos ser felices y que en esa batalla, tocaba, como dice mi adorada amiga de la Organización Femenina Popular: hacerle el amor al miedo.  Así me enrosqué al amanecer de hoy, me dio mi consabida tembladera al ver mi cama vací...

Pam: Hurt

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Voy a hacer un fukin ponche de pesares dijo Pam frente al toca discos. Pensó en The Smiths y la voz lastimera de Morrisey y luego se retractó -nada mejor para los dolores de cabeza que Beck- pero después de abrir el CD incluso pensó que no era suficiente. Lo que Pam necesitaba era la voz perdida y turbada de Portishead. Pesares era lo que cargaba Pam, después de ver que no le quedaba ni una uña de sus manos que no hubiese sido mordida, de ver que no había hecho la cama y que aún después de enterarse que había una mediana posibilidad queAlanis tocara en el Campín, no se hubiera tan siquiera inmutado. Se encogió en la cama only you y sentía un dolor que nacía exactamente detrás de las costillas.  Todo daba vueltas para Pam que no entendía eso de los pesares. El dolor es una cuestión sencilla pensó Pam, es ese estado en el que nada funciona y sientes por primera vez que eres la profunda y devastadora nada. Pam conocedora del placer y de las buenas horas miró a su alrededor y aca...

Amanda: la lluvia

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Y a usted quién le dijo que los besos eran malos, le dijo Martín a Amanda y ella cerró los puños sin que él se diera cuenta. -parce, hay tantas cosas inevitables en esta vida- dijo ella, él la miró con esos ojos dulces de un miel latinoamericano -hasta la dictadura se pudo evitar- le respondió.  Amanda que ama ese acento de Chile libre que tiene Martín decide besarlo, por decisión soberana y libre de una muchacha feliz. El problema con los besos es que cuando nacen atrás de las costillas, es imposible solo dar uno y cuando nacen después de cantar una cumbia colombiana en un puerto triste es aún peor. Un beso, dos besos, tres besos, cuatro besos. La calle está suficientemente sola y demasiado fría para pararlos, hay que dejar que se rieguen por toda la cara y el cuello, que se detengan en las manos y que no paren hasta que un evento inesperado, un stop, un viento o una risa o quizás unos pasos acaben con ellos y su ritmo.  Amanda se enreda en Martín y lo arrastra inte...

Esta Pena de Amor

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Madelaine estaba en la puerta número 22 del aeropuerto de ciudad de Panamá cuando yo perdí mi vuelo de las 9:50 a Managua. La vi porque era inevitable obviarla, tenía un pelo rojo carmín, un vestido azul cielo que se entallaba a su cintura con canutillos y lentejuelas baratas, a partir de la cintura, su falda se abría como una sombrilla hasta el piso. Nosotros los latinos que no guardamos composturas, nos quedábamos con los ojos más abiertos que nunca mirando su caminar, su reposo, su vestido un poco roído y ella caminaba con funcionarios de un lado a otro por las puertas, con una   angustia que le devoraba el vientre y le apretaba la garganta. Inevitablemente tuve que seguirla, el próximo vuelo salía en dos horas y ya me había gastado 70 dólares en la mentira del puerto libre de Panamá.   La seguí por media hora y supe que hablaba un español fluido más bien exitoso para ser gringa. El aeropuerto de Panamá era una pesadilla, lleno de roncadores en los asientos y d...

Pam: Zoom

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Aquí es cuando comienza a sonar The Clash, es el despertador de todas las mañanas. Un pie permanece desnudo buscando el piso, siente el frío de la baldosa. Entonces hay un paneo de la ciudad de Bogotá gris, llena de autos y señores de traje y señoras con iluminaciones rubias en el pelo. Desde remotas épocas, ser rubia es ser chic así el pelo se parezca a una sarigüella muerta, a pelo de ardilla, a ese color amarillo quemado del berol o de la caja doble de prismacolor.  Ahora la camara hace zoom al piesito blanqueado de la señorita caballero, más conocida en el underground capitalino como Pam.  Decíamos que ese piecito, busca llamar a la totalidad del cuerpo y así ocurre. Vemos a Pam en calzoncitos blancos con pequeñas manzanas rojas y una camiseta vieja de su hermano mayor que dice Joy Division, el pelo muy enredado, los ojos no se abren a pesar de los nueve grados de ciudad Bogótica. Se mira en el espejo abre la boca, saca la lengua y gime con un dolor de miles de siglo...

Pam: Hermozo from Heaven

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A Pam no le gustaban los gatos hasta que vio a Hermoso from Heaven. Iba para el colegio pensando en ese libro de Hesse, es que Pam pensaba que prefería los lobos y en general cánidos.  En la casa de un amigo notó unas orejas que apenas si salían y se notaban en el marco lejano de la ventana. Se detuvo Pam a observar con detenimiento si las orejas eran una alucinación, se acercó un poco más y vio como era ojos y hociquito y orejas también, vio un hermoso gato bajado del cielo y no pudo contener la compulsión de mirarlo.  - ¿Eres de este mundo?- dijo Pam intentando tocarlo, ella pensó que saldría corriendo como todos los demás. Decía Adita Pérez que Pam tenía tan mala vibra que los gatos lo sabían y por eso huían de sus manos, ante lo cual Pam retorcía la boca y afirmaba que odiaba a los gatos, sus pelos tan sedosos y sus bigotes tan presumidos - además me dan alergia- decía la Pam muy odiosa. Pero este gato ciertamente parecía de otro mundo, Pam, obsesionada con e...

Ya no me gusta Jim Morrison

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Los hombres perturbados se esconden en las adicciones, en las oscuras esquinas de la bohemia, en el riff angustiado de una guitarra eléctrica, en el arte que les duele. Pero los hay de pantalones de prenses y  peinado a la moda, hombres sin embargo sufrientes, encantadores por el mismo veneno del poder que representan, son jonkies, fotógrafos, poetas, son ciéntificos brillantes, son médicos con la cartera llena. Manejan sus maravillosos autos brillantes y tienen novias guapas, son también hippies que guardan el hábito silencioso de beber hasta perderse en la mañana y que no abandonan la marihuana por considerarla sagrada, erótica, inspiradora, de tener tienen, una completa biblioteca con Jattin, Baudelaire y Joyce.  Esos hombres que con mirar los amas, sólo porque son un tango lastimero y sexy, se nota en su cara que llevan la muerte tatuada en las plantas de las manos, la tragedia que los ahoga en las madrugadas de exceso, en esas medias tardes de silencio cuando ven un...

Manifiesto de mis poderosos ovarios

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Hoy quiero contarme bien la historia, puedo no ser una víctima, sino una muchacha feliz y plena, no quiero contarle a mis hijos una historia de sufrimiento por esto:  Hoy quiero que se reconozca el trabajo de las mujeres en el hogar, que se reconozca es que empiece a haber   una distribución real del trabajo de crianza de los hijxs y de las tareas de la casa. Hoy quiero que me respeten, no me juzguen por cómo me visto ni me llamen provocadora. No me hagan una víctima ni quieran hacer de mi cuerpo un sagrario que sólo se santifica con la maternidad. No quiero que me pongan en un mundo limitado que dice que hay malas y buenas, que las malas son putas y las buenas son como la virgen María: callan y soportan estoicamente. No quiero ganar menos que un hombre ni que a mis compañeros les digan doctores o profesores y a mi Lizita. No quiero sus diminutivos ni sus infantilismos. No quiero que se relacionen conmigo en clave sexual y que me piensen sólo ...