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sweet sahumerio

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Con mi camisa pequeña y mis calzoncitos setenteros bailé  Strawberry Fields Forever  al tiempo que lavaba mis dientes. El día comenzó con esa soledad de vivir en mi casa de ladrillo, saltando por todos sus rincones descalza, porque el sol entró por todas mis ventanas y, de tanto bailar, ya eran las diez de la mañana y en mi oficina mi jefe me pedía a gritos desesperados. Seguí cantando todo el día con una vibra maravillosa, absolutamente infantil. Caminé por el Centro Internacional, saludé a todos los que me decían piropos, regalé flores, doné turnos en el banco, sonreí hasta el cansancio y hasta me confesé en la iglesia y me puse la ceniza. Esperé a que apareciera un conejo blanco y me llevara a algún lugar mágico, pero en cambio encontré a mis Consejos Locales de Juventud en la Asesoría Financiera. También los amé, porque amé todo hoy y la vida me dijo:  baby, el amor sí existe, o si no ¿por qué sonríes tanto?  Y yo le respondí que era la música que me hacía el amo...

no era muerte sino sombra lo que le cruzaba la cara

Que yo estuviera con una cara de  no satisfaction  no fue una coincidencia, porque descubrí —como por arte de magia— que aquel que se hacía llamar mi dulce doctor K. tan sólo era un usurpador de su nombre.Considerando ese detalle, me encontré con Mermelade y decidimos que dejaríamos un momento a Andrés y a Simone, y que luego volveríamos a enamorarnos de ellos en unas semanas. Quisimos morirnos, y entonces comimos torta de chocolate con cucarachas y motas de tristeza. Al final de la tarde concluíamos proyectos acerca de cómo llamaríamos nuestra corporación de utopías. Esto de ser pensador es complicado,  man , es como responsabilizarse de todas las desgracias del  real world  y tener que escupir intensas soluciones. Al fin y al cabo, ella terminó en Misfits gritando el nombre de Razón de Vivir y diluviando en una estación de Transmilenio. Yo seguí mi camino hacia el encuentro con Gustav, quien se escondió en mi sonrisa y no permitió que avanzara en esas lides de...

HALT DIE OHREN STEIF

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La ciudad de Bogotá es esquizofrénica , por eso no es raro que a quien viva en la ciudad le broten pequeñas agallas para poder subsistir a la polución y que le provoque romperse los huesos cada vez que el clima caprichoso le da rienda suelta a su manía o a su depresión. La semana estuvo congestionada de símbolos. Yo desperté cada mañana con un frío aterrador y las nubes grises velando los sueños tristes de un loco enamorado de las horas inconclusas. El doctor Kreutzër no apareció los siguientes días, y fue necesario para que me encontrara con mi anterior amante, un caleño que se suicidó por amor, pero que, a partir de su muerte, se durmió entre mis senos adolescentes y siguió disfrutando del olor de mi pelo hasta que me volví una estadística de adulta joven. Pero a él sólo pude encontrarlo a través de Simone. Decidí solo por esa tarde de jueves ser amante de él y entonces, como Pzico Rouge también hacía parte de la bacanal de ménades amantes del caleño, nos encontramos con Simone en un...

bechamel y desesperanza

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Muy de mañana me levanté con un sabor metálico en la boca. Mala suerte, pensé. Hace frío y es mi primer día de trabajo en un nuevo proyecto gris que me hará caminar la realidad del cerro. Esperé todo el día para encontrar al doctor Kreutzër, ese hombre extraño que no promete y se vuelve obsesión con recuerdo de Magritte. He de decir que pensé que finalmente sería quien lidiara con dragones y, para mi desgracia, se acuesta con ellos. A la tarde llegó mi segundo pulmón, para que escribiéramos acerca de esa investigación inconclusa que ha de terminarse en unas semanas. Pero el frío bogotano era pura tragedia. Los presentimientos me susurraron que el doctor Kreutzër había caído en un complot que yo misma había creado con mi bestiario en el mundo del sueño, y que, al atardecer, estaría entre mis sábanas de seda verde aguamarina, endulzándome con su sabor de viajero de los astros. Así fue que, mientras pulmón y yo tomábamos un té en el jardín de los nomeolvides —que tiene como garantes una m...