que triteza tan berraca lo de rocka ............ sin palabras espero pronto poder enviarte el ultimo texto que prometi escribir en tu nombre. sin abrazos sin besos sin chocolate. javier
Cuando Pam encontró al mago, no pensó que fuera a tener el final que tuvo. Todo empezó con una carta: un telegrama que llegó a casa y que recibió su papá. Tenía la carta en una mano y con la otra se acariciaba la barbilla y se acomodaba las gafas. Los telegramas, por lo general, tenían una sola línea, pero Pam veía cómo su padre leía y leía, y releía el texto como si estuviera descifrando las líneas de una obra incomprensible. —¿Pasa algo? —dijo Pam, atónita. Pero su padre era reservado, parsimonioso y lento. Se bajó las gafas y le sonrió con una sonrisota (que, según la madre de Pam, fue lo que la enamoró en la cancha de baloncesto), cerró la carta y se fue al segundo piso sin pronunciar palabra. Los silencios de papá eran una constante para Pam, así que descolgó el viejo teléfono naranja y llamó a su abuela Ana. —¿Abu? ¿Estás ahí? Su abuela respondió con tono alegre y aplomado: —Lucrecia Caballero, ya sé por qué llamas. El telegrama es porque tu abuelo ha muerto, y ...
Amanecí a la palabra muy pequeña. Hablé antes de poder caminar o llevarme la cuchara a la boca. Creo que fue la magia de poder nombrar la maravillosa realidad que mi madre tejía y adornaba en la cotidianidad. Rápidamente entendí que las palabras se podían acariciar, que podían significarlo todo. En mi casa siempre había libros; estaban tirados a mis pies, eran parte de mi paisaje. En ese momento en que la complejidad de los signos tuvo sentido y logré develar los secretos delirantes que encerraban, decidí nunca apartarme de la palabra. No considero que yo sea una escritora, aunque mi oficio me obligue a escribir día tras día. Pero desde niña, escribir se volvió tan fundamental como respirar o amar. En los tiempos más oscuros escribí; en los tiempos más caóticos, las frases salían de las entrañas, como queriendo gritar sobre los horrores, lo macabro, los miedos y las transformaciones más profundas. Así que, si escribo, no es porque sepa cómo hacerlo, porque tenga un conocimiento...
Los hombres perturbados se esconden en las adicciones, en las oscuras esquinas de la bohemia, en el riff angustiado de una guitarra eléctrica, en el arte que les duele. Pero los hay de pantalones de prenses y peinado a la moda, hombres sin embargo sufrientes, encantadores por el mismo veneno del poder que representan, son jonkies, fotógrafos, poetas, son ciéntificos brillantes, son médicos con la cartera llena. Manejan sus maravillosos autos brillantes y tienen novias guapas, son también hippies que guardan el hábito silencioso de beber hasta perderse en la mañana y que no abandonan la marihuana por considerarla sagrada, erótica, inspiradora, de tener tienen, una completa biblioteca con Jattin, Baudelaire y Joyce. Esos hombres que con mirar los amas, sólo porque son un tango lastimero y sexy, se nota en su cara que llevan la muerte tatuada en las plantas de las manos, la tragedia que los ahoga en las madrugadas de exceso, en esas medias tardes de silencio cuando ven un...
Comments
sin abrazos sin besos sin chocolate.
javier